Escríbeme!!!

¿Sugerencias? ¿Comentarios? ¿Quieres venderme algo o cyber-acosarme? Escríbeme a plagiando.a.mi.alter.ego@gmail.com

jueves, 27 de noviembre de 2014

Supercalifornialísticoespialidoso XVI: De Beverly Hills a Madrid

La entrada a Beverly Hills.
Procedo hoy a relatar el último día que pasamos en las Californias. Snif. Todo lo bueno llega a su fin.

Para culminar nuestro viaje, no podíamos dejar de visitar Beverly Hills. No es que hayamos podido ver mucho, la verdad sea dicha, ya que las súper-mega-mansiones de urbanizaciones como Bel Air y similares están protegidas tras garitas de seguridad donde no te dejan pasar ni a tiros si no pintas nada por ahí, así que eso nos lo perdimos.




El Beverly Wilshire.
Lo que sí recorrimos fue Rodeo Drive, donde no me llegaba el dinero ni para comprar una bolsa, y estuvimos en el hotel Beverly Wilshire, donde rodaron Pretty Woman. Mi prima V. pidió  en la cafetería unas patatas fritas y un refresco para su hija mayor, S., que se había puesto un poco malita en el coche (y ya de paso compró otro refresco para su hijo A., que dijo que él también quería) y le cobraron la friolera de 25 dólares por esas tres tonterías. Así que, si vais a Beverly Hills, llevaos el tupper de casa. Eso sí, hay que destacar que, como las patatas tardaban un poco porque supongo que habría un chef francés friéndolas, mi prima dijo que íbamos a hacer un par de fotitos por el hotel y que en un ratito volvíamos a por ellas. Cuál no sería nuestra sorpresa cuando, un rato más tarde, sale de la cafetería un camarero con una bolsa como de boutique, que parecía contener un collar de diamantes o algo similar y le dice a mi prima: “Señora, sus patatas”. Eso es lo que se consigue por 25 dólares en Rodeo Drive, amigos míos.

El Muelle de Santa Mónica.
Luego de dar una vueltecita babeando ante los escaparates, fuimos al muelle de Santa Mónica, que me gustó mucho porque es muy animadillo y degustamos deliciosa comida mexicana.
Enseguida emprendimos el camino de regreso a casa ya que para la cena (hora de cena americana, claro está) teníamos que estar en casa de mi primo G., donde disfrutamos de rica comida italiana y, luego de una charleta amena con la familia allí reunida y de dar besos y lloriqueos varios, volvimos a casa de mis tíos para hacer el equipaje ya que a las cuatro de la mañana había que partir al aeropuerto. Nos vino a buscar mi primo R., que es un santo.


Del viaje de regreso, he de destacar que nos incluyeron en un programa experimental que están empezando y que consiste, básicamente, en dar una tarjetita a los que consideren menos sospechosos para que pasen por una cola especial donde no hay que quitarse los zapatos y va más rapidita. Tuvimos suerte y nos vieron cara de honrados, aunque a mí me pasaron un rodillito por las manos para comprobar si había manipulado explosivos. El vuelo en sí mismo transcurrió sin mayores incidentes pese a que un pasajero se emborrachó como una cuba y que, al abrir el compartimento de equipajes una vez aterrizados en Barajas, se me cayó una muleta en la cabeza. Para rematar, cuando llegué a casa tenía fiebre.

Era una señal del destino. Me tenía que haber quedado.


Conclusiones finales: Disfruté muchísimo de este viaje, no sólo por todos los sitios chulos que he compartido con vosotros sino por haber podido reencontrarme con tanta gente a la que hacía muchísimo tiempo que no veía y que nos trataron de lujo. ¡¡¡Ay, con qué gente más maja comparto ADN y parentesco político!!! 

Gracias a todos por la paciencia de haber aguantado el tostón durante dieciséis semanas. Os dejo con las últimas fotitos y con un vídeo que he mangado de Tú Tubo a unos chicos que fueron a California en vacaciones de primavera. Les quedó muy currado así que aquí os lo comparto. 

Los famosos ascensores de Pretty Woman.

Yo, a punto de bailar la jota en Rodeo Drive.

La playa de Santa Mónica.

El punto final de la Ruta 66.

Gente dándose un chapuzón en Santa Mónica.

El final del muelle.
Un camión cachondo.



miércoles, 26 de noviembre de 2014

Anuncios Pesadillescos CXVIII: El poder de un medicamento

Ya comienzan los primeros fríos y, con ellos, los anuncios de antigripales, antitusivos y demás porquerías para intentar mantener el bienestar.

El que traigo hoy (porque habrá más; palabrita de Álter) comienza enseñándonos a un mecánico cachas, un bombero cachas y un vigilante de la playa también cachas. Todos ellos con el torso desnudo (cosa que no entiendo bien en el bombero, a menos que su vello corporal sea ignífugo) y su pelo ondeando al viento producido, sospecho, por un ventilador convenientemente colocado en el plató.

Una voz en off nos explica que éstos son nuestros héroes urbanos o los héroes de hoy en día o algo parecido. Confieso que de esto no me he enterado muy bien porque, en mi caso, es ver un mecánico llave inglesa en mano y perder el norte. Todos tenemos nuestras debilidades y a mí me van los ñapas: Mecánicos, fontaneros de buen ver que no enseñen la hucha, albañiles y oficios así. El rollito ejecutivo a lo Cincuenta Sombras de Grey me va poco, la verdad sea dicha. Yo soy más de hombres sudorosos con las manos encallecidas por el duro trabajo, con su punto bruto pero tierno al mismo tiempo…

Esto… ¿dónde estaba? Ah, sí, estaba hablando de un antigripal, perdón por la dispersión.

Después de ver al mecánico (y a los otros, que no me interesan), la escena cambia a una oficina donde una trabajadora mocosa y tosedora recibe a un compañero calvito y gordito que le trae un antigripal que va a poner fin a todos sus males. Eso es un calvito atento y considerado de los que ya no quedan.

Dado el extremo nivel de altruismo del calvito, su compañera de repente lo ve como un Hércules oficinista, con un melenón rubio que vuela al viento del mismo ventilador de antes y cuyo alquiler debían amortizar, que es época de crisis y no está la cosa para dispendios.

Y luego ya nos hablan de las maravillas del antigripal, que es mucho mejor que todos los otros antigripales del mundo aunque algunos de ellos estén fabricados por el mismo laboratorio.

Todo este sinsentido me ha hecho pensar. En mi oficina hay un compañero que está siempre pidiéndome ibuprofenos. ¿Me verá él como la hermana gemela de Angelina Jolie? Porque, de ser así, pienso ir con un alijo de medicamentos en el bolso para arrancar suspiros por donde paso. Vale, ya sé que estoy prácticamente casada pero a nadie la amarga un dulce y a mí la idea de levantar pasiones siempre me ha molado, para qué vamos a engañarnos. Una es diva desde que nació. Es así que he decidido incluir en mi lista de propósitos para el 2015 hacerme con un arsenal completo de remedios para todos los males; desde pastillas para la tos a antipiréticos, pasando por crema para las hemorroides (aunque a ver quién tiene narices de pedirme eso en el trabajo).

Ya veréis, ya. Voy a ser la más sexy de la ofi. Anda que no.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Crónicas Felinas CXIII: Bar La Bruja

Marrameowww!!!

Hace unos días, la bruja llegó a casa desde el trabajo (bueno, ella dice que va a trabajar pero no puedo ni explicar lo que me gustaría verla por un agujerito) y se sorprendió al comprobar que las dependencias olían más a taberna medieval que a hogar dulce hogar  En efecto, no olía a tarta de manzana ni a canela ni a ninguna de esas cosas estupendas a las que se supone que debe oler una casa. Olía a vino tinto.

Resulta que no es Munchkin el único que tira y rompe cosas en nuestro domicilio.  Al consorte también se le da bien el arte del destrozo y tuvo a bien (o a mal, según se mire) estrellar una botella de tinto contra el suelo de la cocina.

Ante el susto, Munchkin atinó a salir corriendo sin que el incidente tuviera mayores consecuencias para él pero yo no tuve tanta suerte.

Quiso el cruel destino que, en el momento del “estampamiento”, yo me encontrara sobre la encimera, por lo que mi única manera de huir era saltando al suelo y poniendo pies en polvorosa.  Lo malo fue que, al saltar, no conté con que el suelo estaba mojado, lo que provocó que mis preciosas almohadillas resbalasen en las baldosas a causa de la bebida espirituosa derramada, empapando de tintorro mi hermoso y negro pelaje.

Me secaron como buenamente pudieron dentro de lo que les permitían sus limitaciones humanas pero no había manera de limpiarme del todo,  por lo que fue muy gracioso contemplar sus caras de preocupación cada vez que me veían lamerme. En cuanto me levantaba para caminar, se fijaban a ver si lo hacía recto o en zigzag. Sólo les falto pintar una raya en el suelo para hacer que me pasease por ella y pedirme que me tocase el hocico con la pata mientras cerraba los ojos.

Por si acaso os lo estáis preguntando, no maullé ninguna tontería, por lo que creo que este cúmulo de síntomas (o de ausencia de los mismos, mejor dicho) les hizo finalmente convencerse de que continuaba en plena posesión de mis facultades mentales y felinas y que no iba a ir en un momento dado a maullarle a la luna con la melodía de “Asturias, patria querida” mientras que le confesaba a Munchkin mi amistad incondicional por él al grito de “Eres un gato de p**a madre”.

Para mayor seguridad, han optado por no manipular botellas con contenido alcohólico cerca de nosotros. Supongo que tienen miedo a que le termine pillando el gustillo y me convierta en un ebrio consuetudinario (un borrachuzo, en otras palabras) aunque debo confesar que el brebaje no estaba mal del todo. Debe de ser porque, como sabéis, soy cuasi vegetariano y como me enteré de que aquello era zumo de uva, pues tampoco era cuestión de andar haciéndole ascos. Voy a tener que seguir probando otras variedades de líquidos alcohólicos, ahora que sé que están elaborados a base de ingredientes naturales.

Hay que ser ecológicos, oye.

Prrrrrr.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Supercalifornialísticoespialidoso XV: Disfrutando del show business

La bola
Y seguimos con las banalidades. Hoy toca recorrer Universal Studios. Me encanta esa habilidad que tienen los americanos para convertir cualquier cosa en un parque de atracciones porque, sí, aparte del tour que haces en un trenecito recorriendo los estudios con diferentes decorados que se han utilizado en múltiples películas y series televisivas, pues ya que están añaden montañas rusas (virtuales y reales), juegos de agua y demás atracciones de feria, pero en plan guay, para hacer las delicias de todo el mundo. En esta ocasión íbamos cuatro adultos y cuatro niños y hay que reconocer que salimos todos encantadísimos de la muerte.

La casa de Gabrielle Solís
El tour en sí mismo es de lo más entretenido porque te enseñan muchas curiosidades del mundo del cine. Nos encontramos cara a cara con Tiburón (es de cartón puro y duro; no sé por qué nos daba tanto miedo), vimos al de Psicosis guardando un cadáver en el maletero, nos encontramos en mitad de la falla de San Andrés con volcado de camión e incendio incluidos, nos vimos en medio de una inundación en un pueblecito mexicano y hasta paseamos por la calle de Mujeres Desesperadas. Lo malo fue que el guía tenía dos frases fetiche que incluía con calzador en cuanto tenía oportunidad. Una era “todo es magia aquí en Hollywood” y la otra era “el incomparable… (nombre de cualquier famoso)” pero hasta eso tuvo su gracia.

El pasaje del terror
En cuanto a las atracciones, fuimos al pasaje del terror, donde el churri se dedicó a azuzar al hombre lobo para que me persiguiera. Está muy logrado porque los actores están caracterizados con su buen maquillaje de efectos especiales y también se puede ver a Chucky, el muñeco diabólico y otros personajes emblemáticos de las pelis de terror. Es bastante largo y vale la pena. El tiempo de espera que marcaba fuera era de 45 minutos. Mi prima le preguntó a una si era cierto que había que hacer cola de 45 minutos y ésta le dijo que sí, pero que era rápido. Tuvimos risas para todo el día con lo de los 45 minutos “rápidos”.

Las que más nos gustaron fueron la de los Minions y la de los Simpsons. Ambas son montañas rusas virtuales y están muy logradas. La de los Simpsons es la fiesta. Hay un momento en que te llevas un escupitajo de Maggie y todo.

Springfield
También subimos a la de Jurassic Park, que no me gustó mucho porque es la típica donde al final sales ensopado (no me hace mucha gracia mojarme porque sí), a la de los Transformers, donde mezclan un poco el movimiento del carricoche con imágenes en 3D pero no me pareció que estuviera demasiado logrado, al menos comparado con la de los Minions y la de los Simpsons y, por último, a La Venganza de la Momia, que es una montaña rusa de las de verdad pero techada. Reconozco que yo iba con un poco de miedo porque las montañas rusas “reales” me asustan un poco. Mi prima no hacía más que decirme “si quieres salir de la cola, me lo dices y yo salgo contigo”. Al final me hizo reír porque le dije que me daba la sensación de que la que quería darse a la fuga era ella. Fui valiente y subí. Y no me arrepiento. No se basa tanto en las caídas sino en la aceleración hacia adelante y atrás y, como elemento innovador, juegan con la temperatura (hay un momento en que te congelas ahí dentro) y hasta con el sentido del tacto. De repente aquello se para y, mientras ves unos escarabajos en una pantalla, te empieza a correr algo por los pies. Da un poco de grimilla pero es divertido.

Qué cosa más luminosa
Y ya nos fuimos, dispuestos a cenar el rico asado criollo que preparó R., el marido de mi prima V. Él es americano de pura cepa pero aprendió a asar con su suegro, mi tío M. y hay que reconocerle que se le da muy bien la cosa. Estaba de rechupete.


Hoy me he enrollado un poco más de lo habitual, sorry, pero tampoco le veía mucho sentido a dividirlo en dos entradas. A disfrutar del resto de fotitos!!!





Yo, para que se vea que estuve

Las puertecitas de los personajes de Shrek. ¿No son una monada?

Un trocito de New York en mitad de California.

Los coches de Regreso al Futuro.

Un tanque donde graban las escenas submarinas.

El decorado de Tiburón

Ayudadme los que tenéis hijos ¿De qué era esto?

Un avión que compraron para destrozarlo y simular una catástrofe.

El amigo Apu.

Los estudios de la Warner, en la lejanía.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Anuncios Pesadillescos CXVII: Las finanzas son algo serio

Los anuncios de microcréditos me causan bastante pavor, así en general. No hay más que ver uno de dibujos animados donde un cajero automático se parte de risa porque el pobre usuario tiene la cuenta más pelada que árbol en otoño (qué poético me ha quedado esto) y enseguida aparece un robot oportunista que le ofrece dinero rápido. Parece un trato con la mafia, eso.

Y aun a pesar de ello, luego de haber visto el que hoy paso a relatar le daría al robotito un par de achuchones y al cajero burlón un beso de tornillo. Sobre todo porque este anuncio no es de dibujos animados, lo que hace aumentar mi vergüenza ajena.

Vemos gente en un par de situaciones donde se presupone que va a haber un gasto extra (viene un bebé, me quiero ir de vacaciones… cosillas así). Pues bien, en una especie de torre de control tenemos a un superhéroe que parece tener la ciudad controlada en busca de las apreturas económicas de la peña. Hacía tiempo que no tenía que sufrir a ningún superhéroe en un anuncio de la tele. Se ve que la moda ha vuelto tras comprobar el éxito alcanzado por el superhéroe del antigripal y el del aliento gélido. Podéis volver a disfrutar de sus aventuras aquí y aquí.

Este superhéroe, he de decir, supera todas mis expectativas en lo que a superhéroes cutres se refiere. No contentos con vestir al paisano con un traje de látex, han intentado darle un toque más ejecutivo colocándole una corbata colgando a modo de triste apéndice. Claro, no olvidemos que estamos hablando de servicios financieros y ése es un tema que requiere una cierta seriedad. ¿Qué clase de confianza podría inspirarnos un superhéroe encargado de nuestra economía si no lleva una corbatita de auténtico broker de Wall Street? Con la corbatita inspira mucha más confianza, dónde va a parar. El hecho de que lleve los calzoncillos por encima de unas mallas de colorines es secundario. Lleva corbata, uy, uy, uy, qué responsable, qué lejos ha llegado en la vida y yo aquí de pringada usando la ropa interior como su propio nombre indica que debería usarse. ¿Veis? No soy nada transgresora y por eso no salgo en la tele ni me encomiendan misiones importantes.

Ya puestos, yo le habría dado también un maletín pero se ve que eso le restaba aerodinámica a la hora de salir corriendo a entregar dinero en mano a gente en apuros y por eso decidieron que todo el trámite se haría sin ningún papeleo. Para ello contrataron a una chica con gafitas y traje de chaqueta negro (muy seria, ella; muy formalita, ella) que mueve con agilidad los deditos sobre una pantalla transparente suspendida en el aire. Matrix ha hecho mucho daño, amigos míos.

Ahora sí que sí. Con el superhéroe encorbatado y la secretaria eficiente de Matrix no me lo pensaré dos veces si algún día tengo que pedir dinero.

Podéis interpretar esta última frase como consideréis más conveniente. 

martes, 18 de noviembre de 2014

Centésimo Premio: El premio Cabras Locas

Eva, de Opiniones Incorrectas, que es así de maja, me ha nominado al Premio Cabras Locas. No sé por qué, la verdad, si yo me caracterizo por ser seria y formalita. ¿Qué mejor forma de celebrar mi premio número cien que perdiendo la poca dignidad que me iba quedando?

Como parece que no basta con obligarnos a hacer el ridículo públicamente, el premio tiene reglas y son las siguientes:

1.- Dibuja y adorna en un folio el nombre de tu blog.

2.- Saca el móvil y mientras grabas dicho folio:

a/ Pon de fondo tu canción favorita

b/ Canta la canción de Don Melitón (para los paganos: "Don Melitón tenía tres gatos, que los hacía bailar en un plato y por las noches les daba turrón, que vivan los gatos de Don Melitón"). Yo he tenido que buscarla en Tú Tubo así que, que no os avergüence admitir que no tenéis ni repajolera idea.

c/Nomina entre cinco y diez blogs

3.- Sube el video a tu blog.

4.- Ahora sube la foto de una cabra que te guste.

Pues hala, a reíros un rato de mí y enhorabuena a los premiados.

El vídeo. No sé ni lo que dije. Está grabado en una sola toma y no tenía guión ni nada:

video



La cabra, la cabra, la ... de la cabra, la madre que la parió:


Espero que todavía siga alguien por aquí... Que escribir para mí misma es una cosa muy triste. 

lunes, 17 de noviembre de 2014

Crónicas Felinas CXII: Qué fantástica, fantástica esta fiesta…

Marrameowww!!!

Hace un par de semanas la bruja, como buena bruja que es, montó un aquelarre con sus amigotes en casa. Como bien sabéis, yo soy muy poco amigo de las reuniones sociales. Tanta gentuza gritando al mismo tiempo me pone muy nerviosito, por lo que corro a esconderme debajo de la colcha hasta que todos se hayan ido con viento fresco.

La bruja y el consorte estaban expectantes por saber si Munchkin se parecería más a mí o si sería más bien como Luhay, que le gustaba más un sarao que a un tonto un lápiz rojo. Y resultó que se parece más a Luhay, sí. Anduvo zascandileando por ahí hasta que terminó la reunión, que duró nada menos que seis horas. Hasta se durmió encima del sofá, al lado del único alérgico de todo el grupo (está empezando a despertar toda mi admiración, el enano éste). Como andaba por ahí, aprovechaba a poner carita de “mira qué cachorrito tan guapo y adorable soy” para que le dieran de comer. Pilló atún, palitos de cangrejo y, para cuando empezó el reparto de salchichas, me atreví a asomarme un poco al salón para pillar algo yo también, no vaya a ser yo el único pringadillo. La estadía en el salón me duró poco porque justo en ese momento el alérgico estornudó y me metí tal susto que me faltaron patas para correr de vuelta a la seguridad del dormitorio pero, a pesar de ello, tanto la bruja como el consorte me felicitaron por mi valentía y por haber logrado abrirme un poco al mundo exterior. Hasta dejé que S. me cogiera la cara para hacerme un par de carantoñas. Pensé que me iba a dar algo de comer después pero no. A la próxima, no se lo consiento.

Hay que decir en favor de los amigotes de la bruja, que C. y J., el alérgico, nos trajeron de regalo un túnel de esos para acecharnos mutuamente. Ya teníamos uno pero éste nos mola más porque lleva cosidas unas pelotitas con cascabeles que nos gusta mucho menear a las dos de la mañana, haciendo apuestas a ver qué sucederá antes: a) Que la bruja y/o el consorte nos confisquen el juguete hasta que se levanten de la cama; b) Que el vecino de abajo suba hecho un basilisco con un gorro de dormir y una palmatoria. De momento sólo hemos vivido la opción (a) pero seguiremos intentando conseguir la segunda opción porque la borla del gorrito tiene que ser de lo más divertida para colgarse de ella. Ya os contaré si en algún momento vemos cumplido nuestro propósito.

Por su parte, S. y J., el no alérgico, trajeron queso y chocolate. Vergüenza debería darles a la bruja y el consorte no habernos dado ni un poquito. A partir de ahora, sólo admitiré visitas que traigan regalos exclusivos para felinos. Ya que tenemos que sufrirlos, por lo menos llevarnos algo de provecho que echarnos al gaznate o, en su caso, a las zarpas.

Prrrrrr.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Supercalifornialísticoespialidoso XIV: Frivolizando

Vista de Los Ángeles desde las alturas
Seguro que os estabais preguntando qué pasaba con la parte más trivial de cualquier viaje a California que se precie. ¿Acaso os pensabais que iba a volver a las Españas sin haber paseado por Hollywood? Pues no. Mi prima V. se encargó de enseñarnos la parte más superficial de esos lares, que no por superficial deja de ser interesante de ver.

Antes de ir a Hollywood, dimos una vueltecita por Pasadena, que es famoso porque allí se realiza el Desfile de las Rosas, que son un montón de carrozas cubiertas de floripondios hasta los topes. Según nos hizo ver mi prima, en mitad de la calle por donde pasan las carrozas, hay pintada una línea roja porque el que va conduciendo el carruaje no ve nada y sólo atina a ver la línea roja esa que le va indicando el camino para no piñarse. Juraría que tenía alguna foto del rayajo pero se ve que no…

Yo en el Griffith Park. No se nota pero al fondo
se ve el "Hollywood Sign"
De ahí partimos a Griffith Park, que es un parque enorme que, por razones de tiempo, no recorrimos y que cuenta en su haber con un observatorio astronómico que dicen que es una pasada. Digo “dicen” porque fuimos un lunes y resulta que los lunes está cerrado así que sólo pudimos deleitarnos con las vistas que hay fuera del edificio. Sólo por eso ya vale la pena. Se ve todo Los Ángeles y, a lo lejos, el archiconocido cartel de Hollywood, a donde enseguida dirigimos nuestros pasos.

Llamadme sosa pero la verdad es que, para mí, Hollywood no es tan maravilloso. Que sí, que vale, que tiene su gracia eso de pasear mirando al suelo a ver las estrellas de qué famosos encuentras y ni qué decir tiene que en el Teatro Chino te puedes pasar ahí las horas muertas buscando huellas. Yo estaba como loca por ver las de Robert De Niro y me costó un poco hasta que al final las encontré en un rinconcito, flanqueadas, nada menos, que por las de Al Pacino y Johnny Depp. Toma tres por uno.

Justo a mi derecha, Robert De Niro. Delante tengo a Al Pacino
y encima de éste está Johnny Depp.
He de decir que justo ese día aquello estaba hasta los topes porque era la premiere de Guardianes de la Galaxia y había allí una auténtica multitud esperando para ver pasar a los actores por la alfombra roja. Llamadme sosa una vez más pero nunca entenderé eso de esperar horas a pleno rayo de sol para ver pasar a alguien fugazmente.

Fuimos a comer a una pizzería donde el camarero nos habló en español y nos trajo cantidades ingentes de alimento. Como dejar comida en el plato está muy feo, igualmente dimos buena cuenta de ello. Lo malo fue que comimos tardísimo y, como allí cenan a la hora de merendar, nos costó un poco de trabajo comer el riquísimo salmón que había preparado R., el marido de mi prima V., mientras nosotros andábamos de pingo pero que igualmente degustamos en compañía, además, de mi primo G., su señora esposa y los hijos tanto de una pareja como de la otra.

Os dejo, como siempre, con fotitos y os aviso que voy a disfrutar de una semanita de merecido descanso. Volveré el lunes 17 con las pilas cargaditas. No me olvidéis. Yo nunca lo haría. 

La Iglesia de la Cienciología. Son los dueños de Hollywood.

Estrellitas variadas.

Gente esperando con la solana a ver el famoseo.

Yo con la estrella de mi querida Judy Garland.

Éste es el punto de donde partió el primer desfile del Orgullo Gay de Los Ángeles.

Con Vivien Leigh.

Una vista general.

Alfombraca roja porque sabían que iba yo.

Michael Jackson. ¿Cuántas manos tenía este hombre?

El museo gratuito "Psiquiatría, industria de muerte" ¿A qué os suena?
Me quedé con unas ganas locas de entrar pero el salmón esperaba ansioso.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Anuncios Pesadillescos CXVI: La trilogía de lo absurdo

Lo que hoy traigo es una especie de trilogía. Tal vez haya más pero yo sólo he dado con tres y con eso ya me basta para tirarme de los pelos intentando alejar de mi mente estas imágenes.

Se trata de anuncios cortitos que publicitan piezas de bollería industrial, que diremos que se llaman “Cómo”. Lo cortito, no obstante, no los libra de lo pesadillesco.

En el primero de ellos vemos a una chica con patines desparramada en el suelo tras lo que se supone que debe de haber sido una caída. Tiene las coletas completamente perpendiculares a su cabeza y el culo medio en pompa, con una pierna cruzada sobre la otra. Nada estudiada, la pose. La patinadora, señalándose un pie, dice “me duele aquí”. Un chico que está observando la escena con un bollo de estos en la mano le dice “¿Cómo?”, por lo que ella rectifica y se señala la rodilla, diciendo que es ahí donde le duele. El chaval repite la artimaña y finalmente ella confiesa que lo que le duele es el pompis. Lo que sea con tal de saborear el dulce manjar.

En el segundo anuncio, un alumno de química contempla su probeta con estupor mientras ésta escupe una espuma azulada de aspecto sospechoso. La profesora, que tiene una pinta de Señorita Rottenmeier que no puede con ella, le anuncia que ha sacado un 2. El muchacho utiliza la misma estratagema del anuncio anterior y, blandiendo su bizcocho, le pregunta “¿Cómo?”. Rápidamente, la profesora le sube la nota a un 5 y, tras la repetición de la jugada, le termina dando un nueve.

Y la tercera parte de la trilogía consiste en un chico con polito y sudadera que espera a la puerta de una casa de la que sale un macarra tatuado con pinta de ex presidiario, quien le anuncia de muy malas maneras que su hermana no está. Esto no será óbice para el enamorado muchacho que, esgrimiendo su pieza de bollería industrial, le pregunta “¿Cómo?”, a lo que el macarra responde que la zagala está ocupada. Al segundo intento, el presunto delincuente ya le da al del polito su más cordial bienvenida diciéndole que ésa es su casa y que pase sin cortarse ni un pelo.

Tres anuncios que suman, en total, treinta segundos de absurdeces. Eso sí, por probar que no quede. Yo me pienso hacer con un bollo de éstos por si un día me amenazan con despedirme.

- Álter, estás despedida.

- ¿Cómo?

- Que eres una trabajadora ejemplar. Te quedas con nosotros.

- ¿Cómo?

- Que te duplicamos el sueldo.

Pensándolo bien, me voy a hacer con dos porque también le estoy viendo posibilidades para llevármelo al Banco.

- Ni hablar de darte un préstamo.

- ¿Cómo?

- ¿Cuánto querías? ¿5.000 euros? Eso está hecho, mujer.

- ¿Cómo?

- Venga, y te regalamos un piso que tenemos aquí muerto de risa.

Según lo voy pensando, más posibilidades se me van ocurriendo. ¿Estas cosas las venderán por cajas? 

lunes, 3 de noviembre de 2014

Crónicas Felinas CXI: Relato en dos versiones

Versión 1: Para aficionados a la lectura.

Marrameowww!!!

A estas alturas, se puede decir que Munchkin se ha convertido oficialmente en miembro de esta familia. Entre nosotros los gatos, la cosa funciona tal que así: hasta que no rompes algo, no estás realmente integrado.

Pues bien, la cosa sucedió de la siguiente manera. El domingo de la semana pasada la bruja estaba viendo la tele cuando, de repente, Munchkin se subió a la mesita de centro. Hasta ahí todo bien pero tengo que aclarar, llegados a este punto que, a mi modo de ver las cosas, Munchkin es bastante torpón. No diré nada de las innumerables veces que intenta subirse a un sitio y termina dando con los morros en el suelo porque eso es hasta comprensible dada la escasa longitud de sus extremidad. Lo que me sorprende es que parece perder la noción del espacio en el que está. Me explico: él se sube, pongamos por caso, a una silla. Y al rato de estar ahí parece que se olvida de que la silla tiene un espacio limitado y está situada en un plano más alto que el propio suelo, por lo que si te lías a dar pasos hacia atrás, lo más probable es que te esmoñes. Pues justamente eso es lo que le pasa muy a menudo. Se despista y se ve que piensa que la superficie elevada sobre la que se encuentra es infinita, o bien que se va a ir ampliando por donde él pase.

Una vez hecho este (amplio) inciso, retomamos el relato de lo acontecido. Se subió, como decía, a la mesita de centro. Al rato le vino esa “amnesia espacial” que os he comentado, lo que hizo que sus cuartos traseros se deslizaran mesa abajo. Se podría haber dejado caer sin problemas porque la mesa no tiene más de dos palmos de altura pero no sé si no quiso hacer el ridículo e intentó librarse con dignidad de la caída o qué pasó porque, de repente, empezó a intentar aferrarse a la mesa con las uñas a fin de volver a subir de lo más dignamente. Pero, claro, la mesita es de cristal y ahí no hay zarpa que valga. Eso resbala cosa mala, os lo digo yo. Por tanto, dado que el aferramiento ungular no estaba dando resultado, intentó buscar sobre la superficie algo que pudiera hacer las veces de ancla a la que aferrarse. Y encontró algo que, a sus ojos, parecía cumplir a las mil maravillas con tal cometido. Me refiero, queridos lectores, a un vaso de agua. Cuando digo “vaso de agua” quiero decir tanto que era un vaso fabricado especialmente para cumplir con tal fin como que en ese momento estaba en pleno acto de servicio desempeñando su cometido, por lo que el parquet no sólo se llenó de cristalitos que tuvieron que andar buscando hasta con linterna debajo del sofá, sino que hubo que secar a conciencia para evitar que el líquido elemento se colase por los intersticios de la madera, provocando su hinchamiento.

Prrrrrr.

Versión 2: Para vagos.

Marrameowww!!!

Munchkin rompió un vaso el otro día.

Prrrrrr.