Escríbeme!!!

¿Sugerencias? ¿Comentarios? ¿Quieres venderme algo o cyber-acosarme? Escríbeme a plagiando.a.mi.alter.ego@gmail.com

jueves, 27 de febrero de 2014

Nonagésimo tercer y Nonagésimo cuarto premio: Repes, pero con nuevas preguntas



El pasado 18 de febrero, Ana Laura, uruguaya de pro que regenta el blog Erisada me hizo llegar estos dos premios que ya tenía pero a los que ha añadido nuevas preguntas. Y como yo soy muy mandada, paso a despejar sin dilación sus incógnitas.

1)Si pudieras tener un romance con un personaje de ficción, ¿con quién lo tendrías?

Con la Bestia del cuento “La Bella y la Bestia”. Para que me llamasen “Bella” a mí, básicamente.

2) ¿Creés en el amor a primera vista?
Creo en el flechazo. El amor es otra cosa muy distinta que sólo se alcanza con el tiempo y hartas dosis de paciencia.   

3) Si fueran a hacer una película biográfica sobre tu vida, ¿a quién te imaginás interpretándote?

Ah, no. Si hay una peli autobiográfica sobre mi vida, me interpreto a mí misma. Lo que me faltaba. Que se lucren con mis peripecias y ni siquiera salir en los créditos…

4) Dime una cosa que realmente te guste sobre ti mismo.

El sentido del humor. Creo que nunca he pasado un día, por malo que haya sido, en el que no me haya reído al menos una vez.

5) ¿Tenés algún tatuaje o piercing? ¿Dónde y qué?

Tengo un tatuaje en el omóplato izquierdo. Se ve un poquito en las fotos que tengo a la izquierda. Es una luna con murciélagos.

6) Si pudieras eliminar un mal hábito que tengas, ¿qué dejarías de hacer?

Dejaría de fumar. Y sí, todo es ponerse. Y sí, mi médico puede ayudarme. Y sí…

7) ¿Cuáles son tus ‘placeres culpables’? Esas cosas que te encanta hacer pero que te sientes un poquito ridículo haciendo

Mi sentido del ridículo ha estado siempre bajo mínimos. Si en el hilo musical del supermercado están pasando una canción que me guste, no me importa ponerme a cantar y a bailar (un poco discretamente, tampoco es plan de montar ahí un show sin cobrar caché ni nada).

8) Si pudieras mudarte a un casa de la literatura, ¿dónde te gustaría vivir y por qué?

En Rose Red. Debe de dar bastante miedo pero eso de que esté cambiando siempre ella sola tiene que ser una pasada. No tendría que volver a pisar una tienda de decoración en mi vida.

9) ¿Alguna vez te gustó más la película que el libro? Si contestás que sí, ¿cuál?

Pues creo que no. Hay adaptaciones que me han gustado mucho, como “El nombre de la rosa” pero en mi cabeza las cosas siempre son mejores porque son como me las imagino yo.

10) Si te sentís bajoneado, ¿qué cosas te levantan el ánimo?
Cantar, bailar, leer blogs… o jugar con mi gato.

11) Si fueras parte de un circo, ¿qué acto te gustaría hacer?

¿Puedo hacer de foca? Lo de los aplausos se me da de vicio, aunque tendría que practicar con la pelota encima de la nariz…


Se supone que hay que pasarlo a once blogs pero, como ya los pasé en su día, los dejo aquí para quien los quiera, haciendo especial mención a Eva de Opiniones Incorrectas, que últimamente se queja de que no le llegan premios. Buen finde para todos!!!

miércoles, 26 de febrero de 2014

Anuncios Pesadillescos LXXXIX: ¿Cuánto se habrán gastado en esta chorrada?

Hoy vamos con otro que es corto pero tiene pinta de caro. Tal vez no sea tan caro porque, ahora, con tanta tecnología y tanta simulación por ordenador y tanta cosa lo mismo hasta el escenario es de mentira así que me surge la duda de si salió barato o caro. Os animo a hacer vuestras apuestas, a ver en cuánto valoráis esta muestra de creatividad sin par.

El escenario es una calle destrozada con coches dados la vuelta y gente corriendo despavorida presa del terror ante el caos causado por un enorme monstruo de lava que amenaza, a base de escupitajos de magma, con derruir la ciudad hasta sus cimientos dando muestras de un claro complejo de Nerón.  La ambientación es de lo más “Hollywoodiense” y una escena similar podría verse perfectamente en cualquiera de estas películas apocalípticas donde la ciudad de Nueva York corre serio peligro de dejar de existir ante un ataque terrorista, un ataque de seres extraterrestres o un ataque de butifarras asesinas. Lo mismo da ocho que ochenta. El asunto es que tiene que dar mucho miedo y todo debe ser muy espectacular. 

Un personajillo escuchimizado vestido de blanco y celeste con capita y antifaz para proteger su anonimato y que no le zurren por inútil sus compañeros de trabajo, intenta derrotar al monstruo de lava a golpe de soplidos. Los soplidos, claro está, no hacen a este ser del averno ni cosquillas, por lo que éste reacciona lanzándole sin miramientos un coche a ver si, en una racha de suerte, lo deja aplastado cual cucaracha disfrazada de carnaval.

Pero no hay tanta suerte. El superhéroe (¿os dais cuenta de la cantidad de anuncios con superhéroes que hay últimamente?), muy fuerte no será, muy listo parece ser que tampoco, a juzgar por las apariencias, pero el caso es que corre que se las pela y se refugia en un supermercado, de donde coge un paquete de chicles que paga en caja respetando formalmente la cola porque ya se sabe que los superhéroes son gente de bien y no andan saltándose a la torera las normas de convivencia. No nos muestran si aprovecha, ya que está, para ayudar a una viejecilla a colocar los enseres dentro de las bolsas y, ya de paso, subírselas a su casa y colocarlas convenientemente en los armarios de la cocina, como haría cualquier superhéroe que se precie.

Una vez en la vía pública, se mete dos chicles en la boca y, ahora sí, su soplido es tan fresco y fulminante que el monstruo cae al suelo convertido en una ceniza inservible para escarnio de sus compañeros del sindicato de monstruos, que seguro que ya no le dejan asistir a los comités ni a las manifestaciones. Ni hablar de volver a asignarle una misión. Su carrera está acabada.

El superhéroe saluda a una multitud inexistente agitando la manito cual miembro de la realeza en decadencia y, tras una breve voz en off  explicando qué narices acaban de anunciar, se retiran impunes. 

martes, 25 de febrero de 2014

Ustedes Dirán LXXV: De “obras de arte” (sugerido por SugusPiña)

Antes que nada, tengo que agradeceros vuestra atención a mis súplicas de la pasada semana, a las que respondisteis de manera entusiasta enviando un montón de sugerencias que irán teniendo salida en semanas sucesivas. Si es que no os merezco de lo majísimos que sois.

La primera de estas sugerencias fue planteada por SugusPiña, bloguera a la que me he enganchado recientemente y a quien os recomiendo encarecidamente leer en su blog “1 Piña”. En su solicitud me pedía que hablase de mi “obra de arte” preferida. Puso “obra de arte” así, con comillas, por lo que yo me he aferrado a esos signos ortográficos, y a todo lo que ellos representan, como a un clavo ardiendo. Por tanto, procedo a hablar de mi anti-obra de arte preferida.

Se encuentra en mi querida ciudad de Montevideo que, si bien es mi ciudad favorita del mundo mundial como ya sabéis de sobra, pues también tiene sus espantos porque nada es perfecto. Os invito a conocer conmigo…

Los cuernos de Batlle

Fuente: http://commons.wikimedia.org/wiki/File%3AMonumento_a_Luis_Batlle.jpg
Attribution: By Hoverfish (Own work) [CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons


¿Qué? ¿A que molan? Su nombre real, evidentemente, no es ése. Oficialmente se conoce a este atentado al buen gusto como “Monumento a Luis Batlle Berres”. Fue construido en homenaje a un ex presidente uruguayo, que gobernó entre los años 1947 y 1951.

Según tengo entendido (o eso me han contado, que yo soy muy cándida y me creo cualquier cosa), este buen hombre era dado a levantar los brazos cada vez que terminaba un discurso (esperemos que usase un buen desodorante) en señal de fervor patriótico exacerbado. Y el Arquitecto Román Fresnedo Siri quiso plasmar ese gesto diseñando este horror, inaugurado en el año 1967.

En un país eminentemente ganadero, no es de extrañar que nadie fuese a relacionar el “monumento” con los brazos alzados del Señor Batlle, sino que la asociación más fácil es, evidentemente, unos cuernos.

Y es que casi nadie llama a este engendro por su nombre real. Si preguntas por una dirección que quede en las inmediaciones es fácil que alguien te diga “Cuando llegues a los cuernos de Batlle, gira a la derecha”. Y se quedan tan anchos, porque el nombre alternativo del monumento ya forma parte del acervo popular. Es más, yo propondría cambiarle el nombre directamente por aquél que ha querido darle el pueblo. Total, ahora que en mi querido paisito se vende marihuana en las farmacias, se pueden empezar a hacer locuras alegando que se está al amparo de la ley. ¿Quién va criticar tomar decisiones peregrinas si se puede ir colocado sin ningún tipo de consecuencia? A mí me dan unas ganas locas de volverme para allá. No es que fume marihuana pero si anda todo el mundo fumado nadie se va a percatar de que éste es mi estado natural. ¿O sí?

Me acabo de dar cuenta de que me he ido por las ramas, para variar. Se suponía que tenía que centrarme en la “obra de arte” y he terminado hablando de marihuana. Repito: No me drogo. Soy así. 

lunes, 24 de febrero de 2014

Crónicas Felinas LXXXI: Menos risitas

Marrameowww!!!

Hoy no os traigo vídeo, que ya está bien de hacer el vago, hasta para un felino. Pero bien podría haberlo traído la bruja que, por suerte para mí es un poco atolondrada y no estuvo lo suficientemente rápida de reflejos para inmortalizar el momento vergonzoso que protagonicé hace un par de sábados. Os lo voy a contar porque hay confianza y porque he visto en Internet que no soy el único gato al que le ha sucedido esto alguna vez pero que sepáis que sólo de pensarlo me da un bochorno tremendo.

La cosa fue tal que así: Como digo, era sábado por la noche y la bruja y el consorte habían decidido comprar una caja de alitas de pollo para que toda la tarea a realizar fuese calentarlas en el horno y no tener que cocinar (bueno, para que no tuviera que cocinar el consorte. La bruja sólo pisa la cocina cuando se desorienta de camino a otro sitio). Total, que el consorte calentó las alitas, las cenaron delante de la tele chupeteando los huesitos en una ausencia total de modales y de glamour y, por supuesto, me dieron algún que otro trocito ante mi mirada lastimera de gatito desvalido.

Como era sábado por la noche, ya que estaban  vagos, pues estaban vagos para todo, por lo que el consorte dejó la cajita vacía sobre la encimera de la cocina con el firme propósito de tirarla más tarde (o al día siguiente o cuando se empezasen a manifestar las moscas a su alrededor) a la bolsa de los cartones y papeles.

Y la cajita olía bien. Y yo quería cerciorarme de que aquello estaba vacío, no fuese cosa que se hubiesen dejado abandonado algún trocito microscópico del que yo pudiese dar debida cuenta. Así que, sin pensármelo dos veces, metí la cabeza dentro. Y la cabeza entró.

Pero no salió.

El consorte entró a la cocina justo a tiempo de cogerme al vuelo al caer yo desde la encimera mientras daba pasos hacia atrás intentando deshacerme de mi particular sombrero. Como es un poco cruel, en vez de quitarme la caja de una buena vez, llamó a la bruja para que me viera, partiéndose de risa. A estas alturas yo ya iba por el final del pasillo dando pasitos para atrás.

La bruja también se rió bastante pero, para mi sorpresa, enseguida le dijo al consorte: “Ay, quítale eso, pobrecito…”. He de admitir que, viniendo de la bruja, este ataque de humanidad sin precedentes me sorprendió sobremanera. Casi diría que podría empezar a verla con otros ojos a partir de ahora pero tampoco vamos a ablandarnos tan fácilmente.

Y casi me parece estar desde aquí escuchando vuestras risitas. Me jugaría lo que fuera (menos la cabeza, que ya peligró lo suficiente el otro día) a que vosotros también habéis hecho el ridículo alguna vez. Y nosotros, por lo menos, siempre contamos con el manido recurso de “es que soy un animalito y no sé”. ¿Cuál es vuestra excusa?

Prrrrrr.

jueves, 20 de febrero de 2014

El escalofriante caso de la rebeca de ultratumba

Hace mucho tiempo, en una de las tantas oficinas por las que nos hemos movido en la empresa donde trabajo que, como os he contado alguna vez, son muy dados a la mudanza y al cambio de aires, mi compañera V. y una servidora vivimos un caso de misterio al mejor estilo Agatha Christie.

Las únicas que quedábamos en nuestro pasillo en horario de tarde éramos ella y yo (bueno,  como ahora), y justo detrás de mí había un perchero. De ese perchero colgaba una rebeca verde. La rebeca siempre estaba ahí, lloviese o luciese el sol, fuese lunes o viernes. Y, claro, nos sorprendía que nadie la recogiese ni la reclamase nunca, por lo que empezamos a hacer cábalas sobre quién podía ser la misteriosa dueña de la prenda de vestir.

Lo que más plausible nos parecía era que hubiese pertenecido a alguien a quien hubiesen despedido o se hubiese ido por su propia voluntad en un ataque de furia, dejando la rebeca abandonada a su suerte tras de sí y no volviendo nunca a recogerla. Un tiempo más tarde, la señora de la limpieza (la que teníamos antes, no la cansina que tenemos ahora, de la que yo os hablé), le contó a V. que, la mesa donde ella se sentaba, otrora había sido ocupada por una chica que, por desgracia, había fallecido. Imaginaos, entonces, por dónde empezaron a ir nuestras teorías en cuanto a la procedencia de la rebeca. Incluso, un día de mucho frío, hacíamos apuestas sobre si, en caso de hipotermia, cogeríamos la prenda infernal o preferiríamos arrancar las cortinas. Se pasaba bastante frío en aquella oficina, sobre todo por las tardes, ya que a partir de las siete u ocho quitaban la calefacción y aguántate ahí hasta las once de la noche. Pero creo que definitivamente nos hubiésemos decantado ambas por las cortinas, que no estaban precisamente limpias pero tenían menos leyenda negra a sus espaldas.

Un día, V. me dijo “Álter, no te vas a creer qué vi ayer. Bueno, qué vi y dónde lo vi”. Ante mi manifiesta curiosidad, me contó que, en un momento dado, había mirado hacia la silla donde se sentaba R., un compañero de la mañana que ocupaba la mesa de al lado de V., y había visto la rebeca ahí colgada. Grima absoluta. Pelos como escarpias sólo de pensarlo.

Unos días más tarde, el misterio quedó resuelto. Le comenté a L., la compañera que ocupaba mi mesa durante las mañanas, el tema del frío que pasábamos a veces por la tarde y me dice: “Ay, pues si alguna tiene frío, podéis coger la rebeca que tengo ahí”. Yo no sabía si reírme, si llorar por haber sido tan tonta de no haber pensado en algo tan obvio o qué hacer. Opté por no decirle nada de la trágica historia que habíamos inventado para su rebeca y contárselo más tarde a V., no sin cierta pena al saber que nuestra historia de fantasmas tenía una explicación tan banal. 

miércoles, 19 de febrero de 2014

Anuncios Pesadillescos LXXXVIII: Así no te van a ascender, nena

Si es que no sé ni por dónde empezar con éste. Una pobre asalariada intenta a duras penas hacer una presentación frente a la junta directiva de su empresa cuando, de repente, le empiezan a sonar las tripas sin remedio. Intenta quitarle hierro al asunto riéndose como una pavota (así no te van a ascender, nena) cuando, de repente, la silla del director se gira hacia nosotros (y hacia la hambrienta asalariada) y vemos que en ella se encuentra sentado un monigote indescriptible que se hace llamar Hambrosio (con H) y se supone que representa, en un alarde de arte conceptual y simbólico sin precedentes, la gusa que a todos nos da de vez en cuando entre horas. Una obra maestra de la semiótica, sí.

Hambrosio, que es un ser vil y cruel, se regodea ante el sufrimiento de la pobre ponente, arrancándose la chaqueta y la camisa como si estuviese en medio de una boda gitana después de la prueba del pañuelo y dejando al descubierto una camiseta verde con su nombre (con H). Para rematar la faena, se pasa una corbata de rayas por sus partes íntimas (o lo que suponemos que serán sus partes íntimas porque, a pesar de no llevar pantalones, no es que ahí se vea nada), con movimientos ¿sexys? hacia delante y atrás… Nunca he entendido eso. Ni siquiera cuando lo hace un tío bueno en vez de una marioneta amorfa. ¿Tiene algo de erótico ver a alguien restregándose una corbata sobre sus vergüenzas? Debo de ser rara. En fin, sigo.

Para defender de Hambrosio a la asalariada, una mano que no vemos a quién pertenece, planta un yogur sobre la mesa. Creo que es un yogur. Bueno, un postre lácteo con muchísimas proteínas pero poquísima grasa. Un chollo de postre lácteo dejado ahí por una mano divina que parece descender del mismísimo cielo. La asalariada da debida cuenta del postre mientras una brisa le mueve la melena (que alguien baje el aire acondicionado en esa oficina, por favor). O sea, que para la presentación para comerse un yogur, o lo que sea eso. Muy profesional, todo. Repito: Así no te van a ascender, nena.

Hambrosio, viéndose amenazado por el postre, gira sin control en la butaca del director y sale volando por la ventana cerrada, dejando una simpática silueta amorfa tras de sí en el cristal, en un claro homenaje a los dibujos animados de los que disfrutábamos en nuestra infancia y que no nos producían epilepsia.

El resto de participantes de la reunión no parecen percatarse de la presencia de Hambrosio ni de su estrepitosa caída al vacío, por lo que debemos suponer que a este extraño ser sólo lo ve la protagonista de la melena semoviente. Vamos, que encima de ponerse a comer en mitad de una presentación, tiene alucinaciones visuales. De ser yo parte de esa junta directiva, tendría muy claro el futuro de esta persona, que podría resumirse de la siguiente manera: Así no te vamos a ascender, nena.

martes, 18 de febrero de 2014

Ustedes Dirán LXXIV: Exhaustivo estudio acerca de la superioridad del angora turco (sugerido por Ferny)

Ferny, el gato de Eva, del blog Opiniones Incorrectas, me sugirió que escribiese acerca de la superioridad del angora turco. Y yo me negué. Y él insistió. Y yo me seguí negando. Hasta que un buen día, mandándome SMS´s con Eva (sí, SMS´s, no Whatsapps. Yo soy muy vintage), el gato infernal continuó insistiendo y erre que erre hasta que me pilló con el momento tonto o pensando en las musarañas y dije que sí. Porque soy vintage y pusilánime.

¿Podríamos decir que los angoras turcos son superiores al resto de razas de gatos? Pues sólo tengo el gusto (o el disgusto, aún no lo tengo muy claro) de conocerle a él, así que sólo puedo basarme en los datos que dispongo de este ejemplar para formarme una opinión (incorrecta). Y, basándonos en sus antecedentes, habría que decir que, si debemos aceptar como tautología que son superiores, entonces deberíamos deducir que “superior” es una especie de extraño sinónimo de “maquiavélico” y establecer las siguientes premisas, teniendo en cuenta que tenemos información fidedigna y contrastada de que todos estos hechos han sido cometidos por el objeto de estudio.

Si trolear cuanto blog te encuentras por el camino metiéndote con el resto de felinos y humanos que habitan este planeta es un signo de superioridad, pues son superiores.

Si empujar a tu compañera gatuna por la ventana sin ningún tipo de remordimiento es un signo de superioridad, entonces son superiores.

Si meterle zarpazos a la mano que te da de comer es un signo de superioridad, pues será que son superiores.

Y si tener un rabo tan peludo que dan ganas de hacerse con él una bufanda es también indicativo de superioridad, pues tenemos que dar por sentado que son superiores.

En mis épocas de Instituto y Facultad me gustaba mucho la Lógica (sí, soy vintage, pusilánime y freaky. Lo tengo todo, papi), así que os conmino a hacer una tabla de verdad con  todas las premisas anteriores y veréis que, efectivamente, tenemos una tautología como un templo. Pero el problema es que para ello deberíamos presuponer que las premisas son ciertas y, como explicábamos al principio de este sesudo estudio, sólo serían ciertas si redefiniéramos la palabra “superior” y si todos los angoras turcos del mundo se comportasen igual que el individuo estudiado. Dado que sabemos que “superior” no significa ser un personaje retorcido y maligno y que no todos los angoras turcos son iguales (o eso espero, al menos), entonces estamos ante una contingencia y este estudio no vale absolutamente para nada.

¿Me aceptarán este artículo en una revista científica? Es que me da un poco de rabia haberme dejado aquí los cuernos estableciendo premisas para que se pierda aquí en el blog, a lo loco, sin pena ni gloria. Dejar escapar un Nobel así, sin más ni más, pues es un poco tontería, la verdad sea dicha. O un Premio Ig Nobel también me viene bien, que yo con tal de figurar me apunto a lo que sea, ya sabéis. 

P.S. No dejéis que ésta, vuestra sección, muera. Poneos las pilas, panda de vagos!!

lunes, 17 de febrero de 2014

Crónicas Felinas LXXX: Post vago

Marrameowww!!!

Hoy no os cuento nada porque quiero ir a echarme la siesta, así de simple.

Pero para que no os sintáis tan mal, os dejo el vídeo que os prometí la semana pasada, y que por razones técnicas no pude colgar, donde salgo descubriendo los regalitos que me enviaron Minino y Ary


Que lo disfrutéis, que salgo muy mono. 

video

Prrrrrr.

jueves, 13 de febrero de 2014

Advertencia: Este post contiene letras

A veces una no sabe de qué escribir pero, por suerte, el mundo que nos rodea es una fuente inagotable de inspiración en lo que a absurdeces se refiere. Es lo bueno que tiene escribir sobre tontunadas, que cualquier cosita nimia sirve. Si éste fuese un blog sobre Física Cuántica pues me lo tendría que currar más pero como me he decantado más por la chorrada cotidiana (que si quisiese escribir sobre Física Cuántica podría, pero no quiero pareceros aburrida; lo que no haga yo por vosotros…), pues estoy siempre de parabienes.

Hace un par de semanas el churri hizo hamburguesas caseras, con su quesito, su tomatito y todas esas cosas ricas. Y, así, entre bocado y bocado cargado de colesterol y grasas saturadas, las musas llegaron a mí camufladas de bote de mostaza. Sí, un simple bote de mostaza. Hay que estar atento siempre porque las musas son así de juguetonas y a veces no es que no estén ahí sino que están esperando a que las descubramos, riéndose en nuestra cara, básicamente.

Pero no estoy hoy aquí para hablar de las pizpiretas musas, sino de la mostaza que daba saborcillo y color a mi hamburguesa. El bote en cuestión era de color mostaza, traía la foto de un perrito caliente (un día tengo que investigar quién inventó ese nombre, porque tela…) bañado en dicho condimento y, en letras rojas bien grandes, llevaba escrita la palabra MOSTAZA. No parece que quedara mucho lugar a dudas. Pues bien, en la declaración de alérgenos de la parte posterior del envase se podía leer “Contiene mostaza”.

Vamos a ver… Que sé que por ley es obligatorio incluir cualquier cosa que pueda provocar alergia pero digo yo que alguien que se sabe alérgico a la mostaza, no necesita que le expliquen que un bote de mostaza contiene mostaza. Me imagino al usuario cogiendo el bote de la balda del súper diciendo “Anda, mira, mostaza, qué rica… Voy a ver qué contiene. ¿Contiene mostaza? Nooooo. ¡¡No puede ser!! ¿La mostaza contiene mostaza? ¿Pero qué mundo es éste? ¿Dónde vamos a parar? Cuán desgraciado soy…”. Vamos, que presupongo que si eres alérgico, pongamos, a los melocotones, no compras melocotones. Y no hace falta que en cada pieza de fruta te pongan “Ojo, que soy lo que parezco. Si eres alérgico a mí, ni te me acerques”. Entiendo que si compras una salsa raruna que tenga mezcla de muchas cosas, te especifiquen cuáles de sus componentes son potenciales alérgenos pero con algo que va tan de cara en esta vida, sin dobleces ni dobles sentidos de ningún tipo como es la mostaza, que a sincera no le gana nadie, me parece un poco excesivo. Si compras leche, pues lleva leche, si compras agua, pues lleva agua y si compras mostaza… adivinad qué lleva. Pero qué listos son mis lectores. Si es que no hay que explicaros nada. Así da gusto.

Para la próxima, le damos un poquito a la Física Cuántica, que os veo con nivel.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Anuncios Pesadillescos LXXXVII: Somos lo que comemos

Éste es cortito “como patada de chancho”, que dicen en mi tierra. Un chancho es un cerdo, para quien no esté puesto en términos rioplatenses.

La cosa va tal que así: Un policía se come una porción de pizza en medio de la calle (ahí, sin miedo alguno a que lo pillen sus superiores o a llevarse un lamparón de salsa de tomate de regalo en la camisa) y, en el semáforo, para un coche conducido y copilotado por sendos perros. Perros de los que menean la cola, vamos, lo que vienen siendo perros.

El policía sigue a su bola, deleitándose con el auténtico sabor ¿ítalo-americano? y no se percata de la presencia de los cánidos motorizados. A consecuencia de esto, los perros se miran entre sí y el conductor le dice (sí, le dice, no le ladra) al acompañante: “Pues no lo entiendo”.

Pues yo tampoco, la verdad sea dicha. Viendo la falta de interés de este servidor de la ley y el orden podemos deducir tres cosas:

Primero: No es blogger. Y esto no es una suposición hecha de manera gratuita, no. Cualquier blogger que se precie estaría, no sólo no perdiendo ripio de la situación al tiempo que se frota las manos pensando en el pedazo de post que se va a marcar sino que, seguramente, estaría tomando notas. Yo siempre voy con una libretita y un boli en el bolso, no sea cosa que me suceda algo “posteable” y yo ahí como una palurda sin poder documentarme a fondo. Vamos, que un trozo grasiento de pizza jamás lograría apartar a un blogger de la posibilidad de escribir una entrada chachipiruli. Pues eso, Mr. Policeman no es blogger.

Segundo: No tiene el paladar muy fino que digamos porque poner esa cara de placer frente a una pizza donde han contando hasta las rodajas de pepperoni que le echan porque no sea cosa que vayamos a echar una rodaja de más y la empresa se nos vaya a pique cayendo en la peor de las bancarrotas. Se ve que en su momento leyeron lo de la aerolínea y la aceituna que le quitaron a las ensaladas, con el ahorro mayúsculo que eso les supuso y vieron en ello una fuente de inspiración sin parangón y un modelo de negocio a emular. Vamos, que hay pizzas muchísimo mejores, dónde va a parar.

Tercero: Es un ser temerario sin ningún tipo de respeto hacia el colesterol y las grasas saturadas aunque, para qué vamos a engañarnos, aquí yo también debería incluirme, que no me caracterizo por tener un cuidado extremo con aquello que cruza mi aparato digestivo. No es que me pase el día ingiriendo comida basura pero no le hago yo ascos a un buen trozo de pizza (de la buena, con ingredientes esparcidos de forma generosa) o a una rosquilla de esas de colorines, avaladas por Homer Simpson, que de estas cosas sabe mucho. No va a saber…

Y, de esta sandez, aprendí que somos lo que comemos.

lunes, 10 de febrero de 2014

Crónicas Felinas LXXIX: Soy un gato ganador

Marrameowww!!!

Este fin de semana he estado de parabienes. El viernes por la mañana sonó el timbre de casa y yo, siguiendo mi costumbre, corrí a esconderme pero por un resquicio alcancé a ver cómo un señor entregaba a la bruja un paquete de dimensiones considerables. La bruja escondió el paquete en lo alto de un armario y yo no podía ocultar mi curiosidad hasta que, por fin, el sábado por la mañana lo bajó de las alturas y me lo ofreció. Ya me parecía raro que la bruja me diese algo que había guardado con tanto celo pero supuse que era para mí cuando observé que el consorte me observaba a través de un agujerito que hacía “click” de vez en cuando. Entonces lo supe.  La cosa en cuestión era para mí y, a cambio, yo tenía que poner mis mejores poses para mostrároslas en el blog. Pues bueno, habría que sacrificarse, entonces.

¿Qué será esto?
 Me está costando abrirlo pero lo abriré o moriré en el intento. Esto huele bien.

La bruja me explicó que María, la mamá de Minino y Ary había organizado un sorteo para gatitos y, como el Universo siempre está de mi parte, me había tocado. ¡No cabía en mí de gozo! Muchas gracias a los tres por promocionarme y ayudarme a paliar el tedio de la comida que me sirve siempre la bruja.

¡Vaya! ¡Una latita!

No sólo una latita… Aquí hay de todo.

Aquí lo tenéis: Dos latitas, un saco de pienso, dos paquetes de delicatesen, una bolsita de chucherías de salmón y nada menos que seis ratoncitos que estoy deseando perder bajo el sofá. ¡Me ha tocado el gordo!

No sé ni por dónde empezar.

La bruja leyéndome la carta que me escribieron.


Y, de propina, os iba a dejar un vídeo recopilatorio de mis momentos estelares tras la apertura de la caja, incluyendo la cata de chucherías de salmón, que me han encantado pero parece que pesa mucho y nuestro amigo Blo no lo quiere aceptar. Ya le pediremos al consorte que lo apañe y, con un poco de suerte, os lo enseño la semana que viene.  

Lo dicho, que estoy de lo más feliz. Si alguien más me quiere mandar algo, pues aquí os espero…


Prrrrrr.

jueves, 6 de febrero de 2014

Hablar por hablar

Hace muchos, muchos años, tenía yo una compañera de trabajo con la que nunca me llevé bien. Ese tipo de gente con la que nunca haces buena migas porque parece que no nacisteis en la misma dimensión.

No sé qué conceptos espantosos tendrá de mí esta mujer ni cuánta falacia puede salir de su boca al referirse a mi personita (con lo adorable que yo soy, no sé cómo es posible que no le caiga bien a alguien) pero yo de ella diré que habla sin parar, es muy cansina, chillona, cotilla y tiene la manía de cogerte del brazo mientras te habla, no te vayas a escapar (a mí esta costumbre en la gente me pone de los nervios).

En fin, que me había quedado yo muy contenta de no tener que sufrirla más pero ha querido el aciago destino que seamos vecinas por lo que, de vez en cuando, nos encontramos por el barrio y, aunque una intenta saludar (por aquello de tener un mínimo de civismo) y seguir de largo, ella me para y, con eso, ya sé que voy a perder una valiosísima media hora de mi vida. Si voy con el churri, igual, que a él también lo conoce y se caían igual de mal.

Supongo que lo que intenta es sacarnos información para cotillear pero como nosotros no entramos en esos jueguecitos, al final se conforma con estar un rato de floreo (aprendí esta palabra gracias al nuevo juego de Vinividivinvi, pasaos a leer de qué se trata). El caso es que, como le falta un hervor y lo suyo es hablar por hablar, una termina viéndose envuelta en conversaciones como ésta (cien por cien verídica, aunque parezca que no):

- ¿Y vuestro gato? (Refiriéndose al difunto Luhay)

- Murió, el pobre. Ahora tenemos otro y estamos pensando en traer otro más porque desde que Luhay murió, éste se nos aburre.

- Lo que tenéis que hacer es tener un hijo de una buena vez y dejaros de tanto gato.

- No queremos hijos.

- Pues, Álter, teniendo un hijo te dan el horario de trabajo que quieras.

- Ya tengo el horario que quiero.

- Pues con el horario que tienes tú no hay forma de cuidar a un hijo.

- ¡Pero es que no tengo hijos!

Y yo, para mis adentros, pensando “¿En qué momento he entrado en este bucle infinito sin darme cuenta?” ¿Cómo es posible que exista gente que, con tal de hablar, no se dé ni cuenta de lo absurdo de algunas conversaciones? Siempre ha sido así. Recuerdo una vez en que decía que se había comprado un bolso de marca. Que era de sport pero que sólo lo usaba cuando iba de cena porque no era plan de llevarlo a la oficina a que se llenase de roña. Y una compañera, incauta ella, preguntándole ¿pero no era de sport? Y, claro, empezó el bucle… Yo siempre me la imaginaba discutiendo algo con Groucho Marx y ganándole por cansancio. 

miércoles, 5 de febrero de 2014

Anuncios Pesadillescos LXXXVI: Facilitando las cosas

La cosa va de desfiles militares. Pero no de desfiles militares con militares sino de desfiles militares protagonizados por diversos estereotipos de la sociedad como, por ejemplo: Señoras ricachonas con collares de oro y perlas de esos que hay que levantar pesas con el cuello para poder llevarlos sin morir desnucado; modernitos con traje, e-book y auriculares más grandes que sus cabezas (nuevos yuppies, que les digo yo); otras con trajecito de chaqueta que podrían pasar por secretarias u oficinistas pero el bolsito de sobre me despista. Ahí no entra nada y no lo veo yo un bolso muy adecuado para ir a la ofi. Si alguien sabe qué se supone que representan éstas, le estaré eternamente agradecida; chicos con camisa y corbata pero sin chaqueta. Podrían ser desde bancarios hasta conductores de autobús, pasando por encargados de locales de comida rápida pero tanto da, en el fondo.

Llegados a este punto nos muestran una estatua ecuestre que no pinta nada ahí pero será para romper un poco tanto desfile, que a estas alturas ya empieza a cansar como que un poquito. Al fondo, vemos que ya se van aproximando las ricachonas del principio y es aquí cuando nos percatamos de que llevan un chihuahua en el bolso, emulando a su ídolo, Paris Hilton. Por aquí llegan también los modernitos o nuevos yuppies, con el e-book sobre el pecho, a modo de escudo contra la realidad. Dan unas pataditas tan perfectas que las borlas de sus mocasines se balancean todas al mismo tiempo. Si es que da gloria verlos, meneando sus borlitas arriba y abajo. Les siguen los de la camisa y corbata pero sin chaqueta y las del traje de chaqueta sin corbata pero con bolsito de sobre que sigo sin poder identificar.

Y, a todo esto, uno ya está pensando que van a anunciar unos zapatos que te permitan caminar kilómetros y kilómetros sin que te salga una mísera ampolla y llegues al final de la jornada con los pies más suaves que el culito de un bebé pero no. Un cartel nos pide que salgamos de la fila y nos muestran un montón de coches de colores llamativos con dibujitos en el techo. Lo del dibujito en el techo lo veo bastante inútil porque desde un coche es complicado ver lo que lleva otro coche pintado en el techo. A lo mejor es para que los helicópteros que comprueban el estado de las carreteras te tengan bien identificado y sepan que ése que ha adelantado por la derecha eres tú y no otro. Que no se diga que no eres original y que vas a intentar mantener un bajo perfil aunque estés infringiendo las normas de tránsito. También es un buen blanco para que los vecinos envidiosos te tiren huevos desde los balcones que, quien más, quien menos, todos tenemos algún vecino que nos la tiene jurada. Yo pintaría una diana, directamente. Siempre me ha gustado hacerles la vida fácil a los demás. 

Soy así de altruista. 

martes, 4 de febrero de 2014

Ustedes Dirán LXXIII: Superando traumas (sugerido por Cecilia)

Terminando con la “Trilogía Cecilia” que nos ha tenido ocupados las tres últimas semanas, vamos con la última de las solicitudes que me realizó por mail. Ésta me va a resultar un poco más complicadilla, así que vamos a ver cómo sale.

Por si no lo sabéis, Cecilia es estudiante de Psicología y me preguntaba acerca de experiencias con psicólogos (en el ámbito profesional, se entiende) tanto propias como ajenas.

En cuanto a las ajenas, conozco todo tipo de resultados posteriores a un tratamiento en un psicólogo. Con respecto a las propias, sólo estuve yendo unos meses porque estuve de baja hace ya años por ansiedad y depresión. Vamos, que estaba hecha una patata.

Si me preguntáis si recomendaría visitar a un psicólogo, pues ahí no tengo opinión formada. Supongo que a alguna gente le servirá más que a otra y, al mismo tiempo, al existir diferentes corrientes en el campo de la Psicología, el tratamiento que puede funcionar con una persona, no tiene por qué funcionar necesariamente con otra; por tanto, creo que con probar no se pierde nada pero no iría diciéndole a todo aquél que me diga que se siente mal por algo que vaya corriendo al psicólogo. Es una decisión más bien personal y creo que si te mandan no da los mismos resultados que si decides ir por tu propia voluntad.

Yo creo que a mí me sirvió. Ojo, que no creo en milagros y pienso que en estos casos el primer convencido de querer tirar para adelante tiene que ser uno mismo. Pero el mío me ponía deberes para casa (del estilo de hacer listas con objetivos a corto, medio y largo plazo) que a mí sí me valieron para poner cosas en perspectiva en un momento en el que, a lo mejor, tenía la mente demasiado aturullada y no era capaz de sacar cosas en limpio si no las veía por escrito.

Trabajó también conmigo la empatía. No porque no tuviera, sino porque tenía demasiada y eso hacía que adoptara como propios los problemas ajenos, lo cual no es vida, claro está. Así que en ese sentido me enseñó a separar la paja del trigo para que yo me diera cuenta de que una cosa es estar dispuesta a escuchar a alguien o a echarle una  mano en lo que se pueda y otra muy distinta es pasarte la noche sin dormir por los problemas ajenos. Lo he puesto en práctica y, la verdad, creo que me va mucho mejor desde entonces. De hecho, creo que se dan mejores consejos (si los piden) cuando consigues ver la situación desde lejos.

Eso sí. Del mío recuerdo también que me removió muchas cosas. Pero muchas, muchas. Creo que el tiempo que estuve acudiendo a su consulta, sus ingresos netos se vieron mermados a causa de las cajas y cajas de pañuelos de papel que le gasté a aquel pobre hombre. Desconozco si todos lo harán igual o si a éste le iba el rollo culebrón.

P.S. ¡Mandadme propuestas, por piedad!

lunes, 3 de febrero de 2014

Crónicas Felinas LXXVIII: Lo que el viento nos dejó

Marrameowww!!!

No sé yo qué tal llevaréis los humanos el tema "viento" pero, lo que es a mí como felino de pro, me está sacando bastante de los nervios.

El viento empezó así como a lo tonto, y el caso es que nos hemos pasado unos cuantos días sufriendo unas ventiscas que los meteorólogos experimentados han dado en llamar "unas ventoleras que pa´qué".

El martes pasado, sin ir más lejos (bueno, sí, me estoy yendo un poco lejos pero la tirana de la bruja no me deja publicar con mayor frecuencia), me pasé toda la mañana corriendo por toda la casa sin ton ni son. Allí que iba yo, carrera pasillo arriba, carrera pasillo abajo, salto va, salto viene para desconcierto de la bruja. Dicho sea de paso, también le quise hacer la vida imposible y, mientras ella salía de la ducha y se ponía sus múltiples potingues, yo miraba por debajo de la puerta y reaccionaba ante los ruidillos que escuchaba. Por si acaso os lo estáis preguntando, sí, me meto con ella en el baño mientras se ducha. Soy un voyeur, ¿qué pasa? Aunque tampoco es que haya mucho que ver, la verdad. Lo hago, más que nada, para tirar su toalla del ganchito y sentarme encima, llenándosela de pelos (mala urticaria le dé a la condenada). A lo que iba: Se mosqueó bastante con mis reacciones, todo hay que decirlo. Hasta bajó la radio un par de veces, tal vez pensando que algún facineroso se había colado en nuestros dominios y estaba desvalijando la casa mientras ella se pulverizaba agua de avena en la faz. Finalmente, salió del baño mirando en todas direcciones para cerciorarse de que, efectivamente, en casa no había nadie más que nosotros dos.

Una vez salidos del baño, me metí debajo de las mantas de la cama (que la bruja ya había hecho) y me di un par de carreras por ahí. La bruja, suspiró, volvió a hacer la cama, y yo me fui corriendo al salón, donde salté sobre el sofá de tal manera que los cojines volaron por los aires. La bruja suspiró y colocó nuevamente los cojines.

En realidad, a esas alturas ya no es que me molestara tanto el viento pero le había pillado yo el puntillo a eso de tener a la bruja suspirando y recogiendo detrás de mí todo lo que yo iba tirando así que, cuando vi que ya se había puesto el abrigo para irse a trabajar, salté desde el sofá a la estantería, dándome de morros con los libros y tirándolos todos. Habéis adivinado: la bruja suspiró y recogió los libros.

Así que, si bien no estoy yo nada contento con el asunto del viento porque soy un gato acostumbrado al relax, la tranquilidad y vivir una vida sin sobresaltos y con estos vendavales me desquicio bastante, también tengo que admitir que le he encontrado su punto interesante porque, al tiempo que me desquicio yo, se desquicia ella, y eso siempre tiene su parte divertida.

Prrrrrr.