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jueves, 6 de abril de 2017

Una que se va

Hoy vamos con un post cortito, sólo para informaros que me retiro un par de semanitas de vacaciones. Bueno, en realidad, mis vacaciones reales son sólo de una semana pero ya sabéis que luego me cuesta retomar la rutina de los madrugones y, como sé que la primera semana tras la vuelta va a ser dura, estoy segura de que no voy a tener ánimo de ponerme a bloguear al volver a casa.

Por tanto, me leeréis nuevamente a partir del próximo 24 de abril. Sé que sobreviviréis sin mí, así que tampoco hace falta que me montéis una escenita.

Desde luego, cada vez que me voy es lo mismo. Llantos, rasgamiento de vestiduras, amenazas varias… Ea, ea, ya pasó. Sorbeos el moquillo y tirad para adelante, que prometo que volveré, de verdad.

Disfrutad de la Semana Santa, comed torrijas y no hagáis nada que yo no haría. Bueno, cortaos un poco, que conmigo ya hay suficientes chalados en el mundo.

Bien pensado, tampoco hagáis nada que yo sí haría. Me molestan los copiotas. No hagáis nada de nada hasta mi vuelta, que si no os oigo no sé qué tramáis.

¡A pasarlo bien!

miércoles, 5 de abril de 2017

Anuncios Pesadillescos CCVII: Total, pa´ná

He visto que han sacado unos cuantos de esta empresa pero me voy a centrar en uno que es el que me parece más pesadillesco.

Vemos una pareja en el baño. Ella intenta pintarse la raya del ojo frente al espejo mientras él se afeita frente al mismo espejo.  Se empujan mutuamente para pillar sitio y, evidentemente, se molestan porque necesitan más espacio vital para dedicarse a sus quehaceres matutinos (o vespertinos; desconozco los horarios de esta gente).

Finalmente, tras un empujón fatal, a ella se le escapa el lápiz de ojos y se pinta una raya que la hace parecer una choni en horas bajas. Se miran y parecería que la mujer le va a echar la bronca del siglo pero, entre risitas, admiten que necesitan un baño nuevo.

En estas están cuando, de repente, se abre la cortina de la ducha y aparece una dependienta de una empresa de elementos de bricolaje y construcción. Nadie llama a la policía ni le vacía un bote de laca en los ojos. Ni siquiera sufren un infarto al recordar la escena de la ducha de Psicosis. Todo lo contrario. El hecho de que haya una mujer metida en su bañera les parece lo más normal del mundo y la siguen, desoyendo todos los consejos que nos daban los cuentos infantiles. Y os preguntaréis que a dónde la siguen. Pues a la tienda, en la que aparecen por arte de magia al levantarse la pared de azulejos de la bañera, como si de un telón de vaudeville se tratase.

Caminan tras ella por los pasillos. Él en albornoz y con la cara llena de espuma de afeitar y ella con su raya felina en el ojo derecho.  Nadie parece extrañarse de ver a personas de esta guisa paseándose por la tienda. Debo de ser yo la única rara que se sorprende de ver desconocidos en mi bañera o personas en albornoz comprando.

La dependienta les habla de las bondades de los productos de la tienda, puestos ahí para que todos los proyectos del mundo sean un éxito. La semi-choni le da un codazo a su maridín. En esta ocasión es un codazo cómplice porque en semejante nave industrial dudo que tengan también problemas de espacio. Al codazo le sigue una miradita de “¿Qué, Manolo? ¿Nos animamos?” y él sonríe aprobatoriamente.

Al final vemos cómo han cumplido su sueño. Un baño con exactamente las mismas dimensiones que antes pero con un espejo más grande y donde han sustituido la bañera por un plato de ducha con mampara. En ese momento no se dan codazos porque él se ducha mientras ella se pinta la raya pero, dado el espacio que existe entre la mampara y el lavabo donde ella se maquilla, me da a mí que no han resuelto nada de nada.

Esta mujer debería hacer como yo, que me maquillo en la mesa del salón, convertida en mi tocador particular. Ahí sólo me molesta el gato, que ya me ha roto dos coloretes.

lunes, 3 de abril de 2017

Crónicas Felinas CCX: Me siento ignorado

Marrameowww!!!

El sábado pasado fue mi cumpleaños. Siete primaveras me cayeron ya. Y pensaréis que la bruja me hizo una fiesta con gorritos y serpentinas. Ja, que os lo habéis creído. Dedicó la tarde a llevar a Munchkin al veterinario a desparasitarse. No es que envidie su protagonismo en ese sentido, que yo con tal de no ir al veterinario prefiero que se olviden de mí las veces que haga falta pero es que me pareció bastante indignante cuando, a la vuelta, las neuronas de la bruja por fin hicieron conexión sináptica y gritó como si hubiese descubierto América “¡Es tu cumple, Peque! Ayyyyy, la mami que no se había acordado… ¡Muchas felicidades!” Y venga besos babosos por su parte y la del consorte; con el asquito que me dan siempre a mí los besos.

Me hubiese valido más que se olvidasen de mí por completo porque, como regalo de cumpleaños, me tocó pastilla antiparasitaria. Como ya he explicado alguna vez, a Munchkin lo llevan al veterinario porque no hay forma de que se tome la pastilla ni de que entienda que, por las buenas o por las malas, lo van a desparasitar, así que más le valdría tomarse la pastilla y aquí paz y después gloria. Él dice que lo hace a propósito por hacer gasto porque, si se toma el pastillujo, a ellos les sale más barato y no se puede consentir que ahorren un solo euro. No le creo mucho pero allá él.

Eso sí, de cena tuve latita pero eso fue por el premio post-antiparasitario, no fue un regalo de cumpleaños como tal. Lo sé porque al imberbe también le tocó y él no cumplía nada de nada. Y no me engañan diciendo que ese era el menú festivo por ser mi cumple; yo quiero un regalo en exclusiva para mí solo. Al menos deberían dejar que me apunte al sorteo de algún blog, a ver si así, al menos, tengo oportunidad de que me toque algo porque la bruja, hace poco, no tuvo más que decir en el Facebook de Desmadreando “Me apunto” y el otro día le llegó todo esto:

Productos Klorane


Se llevó eso por todo el morro, sin cumplir años ni nada. No hay derecho.  Por tanto, reivindico mi derecho a participar en sorteos, que yo soy tan blogger como el que más y es ella la que se lleva todas las cosas chulas (vale, yo no necesito una mascarilla para el pelo porque mi pelaje es soberbio a puro golpe de lametón pero sólo dos veces fui el agasajado en un sorteo. Podéis leerlo aquí y aquí, aunque supongo que lo habréis leído porque a mí no me falláis.

Así que a ver si os ponéis las pilas y organizáis algo para felinos, que nos tenéis muy abandonados.

O si me queréis mandar algo por mi cumple, tampoco me opongo. Se aceptan desde alimentos hasta juguetes. Ya sabéis que no soy exigente y me conformo con cualquier cosita porque nací así, humilde y desinteresado.

Prrrrrr.

jueves, 30 de marzo de 2017

Carta desde la decepción

Querida Madre:

A mediados de mes me hiciste sentir tremendamente afortunada. Pensé que nuestra relación por fin había llegado a un punto de entendimiento y que me ibas a permitir disfrutar del estado de confort que siempre ansío.

Pero lamento comunicarte que, una vez más, me has decepcionado. Apenas unos días más tarde te note fría. Muy fría. Y de lo más húmeda. A estas alturas del año no es cuestión de andar así. Me parece que ya son épocas para que vayamos llevándonos bien y me vuelvas a dar el cálido abrazo de todos los años en lugar de seguir torturándome con tu semblante más gélido.

Mi madre biológica es más predecible. No digo que no tenga sus tormentas de vez en cuando pero, por norma general, la ves venir. Y siento decirlo de una forma tan directa pero tú, Madre Naturaleza, eres una histérica. De repente estás contenta, de repente estás triste y lo mismo pones a cantar a todos los pajaritos que encuentras como me mandas una nevada en plena cocorota cuando estoy volviendo del trabajo. ¿Hay derecho a esto? Yo te defiendo en la medida de mis posibilidades. Que si hay que cuidarte y respetarte, que si eres un ser generoso que nos ofrece todo lo que necesitamos para la vida pero, leches, pon un poquito de tu parte porque, la verdad, me lo estás poniendo muy difícil.

En serio, ¿qué te he hecho yo? Me acuerdo siempre de echar los plásticos al cubo amarillo, de llevar los cartones y los envases de vidrio a sus correspondientes contenedores… Bueno, vale, mando al churri pero el resultado es el mismo, ¿no? Pues sé un poquito agradecida y dame ya la primavera, que después de estar tiritando desde noviembre, creo que me la he ganado. No pido mucho; no hace falta que pueda salir mañana en chanclas a la calle pero con despedirme del plumas y poder llevar apenas una chaquetita fina, me doy por satisfecha. Yo recuerdo que, cuando era pequeña, mi madre biológica me premiaba cuando me portaba bien. Me compraba cosas o me llevaba de paseo y nunca, pero nunca nunca, me quitaba mis premios una vez alcanzados. Eres un ser sádico y cruel.

Ya no sé si suplicarte o amenazarte con mezclar lo orgánico con los plásticos, a ver si así me tomas un poco en serio.Así que, hasta que no me des mi premio en forma de temperatura no inferior a los veinte grados durante una semana consecutiva, no te ajunto.

Siento que hayamos tenido que llegar a esto pero no me dejas elección. Está visto que no funcionan las buenas palabras ni sirve de nada portarse bien durante todo el año.

Lo lamento pero tengo que decir que Papá Noel mola mucho más que tú. Y eso que él está acostumbrado al frío. Al final se va a terminar convirtiendo en mi favorito.

Sin otro particular, y esperando que tomes debida nota de lo planteado en esta misiva, se despide atentamente

Álter

miércoles, 29 de marzo de 2017

Anuncios Pesadillescos CCVI: Ya no están tan requetebién

En el salón de una casa celebran una fiesta. Dos chicas charlan animadamente sentadas en el sofá cuando, de repente, una de ellas gira la cabeza para contemplar asombrada a alguien. Parece que le ha gustado, aunque no sé muy bien por qué  por los motivos que paso a relatar a continuación.

El objeto de su mirada es un chico con pantalones de pinza (esto ya debería dar una pista de que aquello no va a funcionar, aunque ella lleva una falda de lentejuelas plateadas con una camiseta y una chaqueta como de baseball, así que lo mismo son tal para cual), camiseta azul eléctrico y… una cabeza gigante con ojos tipo dibujito manga aún más gigantes.

El cabezón le ofrece a la muchacha un corazoncito de peluche, a lo que ella responde entornando los ojos con cara de alelada. Posteriormente, saca un ramo de flores de plástico, lo cual respeta la vida de las flores pero contamina y es muy poco romántico, la verdad (yo es que prefiero los bombones porque soy una tragaldabas).

Con el tema de las flores hay algo que no termina de convencer a nuestra protagonista. No sé si porque es igual de tragaldabas que yo y hubiese preferido el chocolate o porque lo de las flores de plástico le ha parecido muy cutre pero el caso es que la música sexy se interrumpe repentinamente y ella se gira con cara de terror para mirar a sus amigas del sofá. Una de ellas, que lleva, para mi horror, una chaqueta dorada, la señala y le susurra la marca de unos cacahuetes con chocolate que siempre han sido muy populares pero que, la verdad sea dicha, últimamente han caído un poco en el olvido.

La protagonista, atendiendo el consejo de su brillante amiga (brillante por la vestimenta; desconozco su capacidad intelectual), saca del interior de su deportiva chaqueta una bolsa de estos cacahuetes (ya sabéis cuáles os digo: estos que antaño cantaban que estaban requetebién).  Se lleva uno a la boca y ofrece otro a su nuevo amigo, acercándolo a sus inamovibles labios.

De repente, al cabezón le entra una temblequera extraña. Al principio me asusté, pensando que tal vez el pobre fuese alérgico a los cacahuetes y la it-girl esta la acabase de liar parda pero no… La reacción es debida a una transformación que, de repente, lo convierte en un chico normal. Bueno, normal… Luce en su cabeza un tupé de esos que causaron furor en la serie “Sensación de Vivir” (o “Beverly Hills 90210”, para los que me leéis desde ultramar) pero, al menos, la cabeza en sí misma ya es de un tamaño anatómicamente correcto. Ella le dice que, sin apariencias, le gusta más. ¿Llevar una cabeza King Size es intentar aparentar? Debo de estar muy fuera de onda. Todo el mundo se les acerca porque se ve que antes tenían un poco de miedo del cabezudo y nos muestran los cacahuetes en primer plano.

Y ya está. Me he quedado igual.