Escríbeme!!!

¿Sugerencias? ¿Comentarios? ¿Quieres venderme algo o cyber-acosarme? Escríbeme a plagiando.a.mi.alter.ego@gmail.com

jueves, 16 de noviembre de 2017

¿Que vendes qué?

Comprar por Internet tiene múltiples ventajas. No tener que salir de casa, por ejemplo, que para mí eso ya es la panacea. Pero aparte se pueden conseguir cosas que, de otra manera, a veces es muy complicado conseguir en tiendas.

No me considero una adicta a las compras por Internet pero sí que de vez en cuando trasteo en estas macropáginas donde te venden desde ropa hasta tendederos y alguna cosilla, de vez en cuando, cae.

Confieso que, si bien me resulta muy práctico poder localizar artículos a golpe de click, a veces también me estresa el hecho de que si buscas, por ejemplo, “fundas de móviles para (insértese marca y modelo de móvil)”, la página en cuestión te indique “28.237 resultados”. En la vida voy a tener yo paciencia para revisar 28.237 fundas de móvil, por lo que a veces pienso si no sería mejor irme directamente a la tienda y ver cuál me gusta más de las quince que tengan.

Pero hay otra cosa que me estresa. Bueno, me estresa y me causa hilaridad a partes iguales: Las descripciones de los productos, fruto de una traducción desastrosa y otros factores que no alcanzo a comprender. Y es por ello que hoy os traigo un par de ejemplos (sí, son todos de ropa, cómo me conocéis):

Para un vestido rockabilly:

Audrey Hepburn de las mujeres con estilo vestido de los años 50 del vintage de Rockabilly del oscilación.

Supongo que quieren decir algo como que es un vestido estilo Audrey Hepburn pero lo de la oscilación me mata. No sé si se refieren al movimiento de la falda o a que el precio irá variando según les venga bien a ellos.

Para otro vestido rockabilly (¿Qué pasa? Me gustan.)

Mujeres sin mangas ajuste y vestido de cóctel de llamarada

Aquí ya me desconcierto más. La “y” que vemos entre “ajuste” y “vestido” da a entender que nos ofrecen dos productos: Una mujer sin mangas (que miedo me da pensar qué será eso) y un vestido de cóctel de llamarada. El diseño es de cerecitas, así que no sé muy bien si la llamarada hace referencia al cóctel en sí mismo, de esos que te sirven prendidos fuego. Es muy confuso. Menos mal que hay foto.

Mi madre también ha querido colaborar en este muestreo y me manda la descripción de una falda de estilo hindú (ya he dicho mil veces que mi madre es una hippie):

Las mujeres forman a algodón rosado del Hippie Impresión del extracto del desgaste de la falda del cordón de la playa.

Esto no sé ni por dónde cogerlo. Lo del desgaste supongo que hace referencia al estampado, que era de estos como de “pintura chorreada” pero el cordón de la playa ya me mata del todo y mi cerebro combustiona.

Y, para finalizar, vamos con la joya de la corona. Se trata de una cinta para el pelo. Una bandana también estilo años 50 porque soy así de moderna. La descripción es la siguiente:

Diseño de la cesta de alambre de banda para la cabeza auricular de diadema y micrófono pañuelo para la cabeza Rockabilly de alambre de la de gran tamaño cinta para el pelo cabeza de vestido con escena de flores y lunares de

No sé si me causa más estupefacción lo de la “cabeza Rockabilly de alambre de gran tamaño”, el tema de los auriculares y el micrófono, lo de la cesta, que no sé a qué viene o que hayan dejado la frase inacabada.

Por cierto el estampado es de lunares. Las flores no sé por qué se mencionan.

Y hasta aquí el muestreo pero si queréis colaborar con alguna otra búsqueda en los comentarios, libres sois de hacerlo. Vamos a echarnos unas risas. 

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Anuncios Pesadillescos CCXXVII: Mi madre colapsaría

No sé a vosotros pero, lo que es a mí, cuando era pequeña me insistían mucho en eso de que con la comida no se juega.

Pues parece que en este anuncio se pasan por el arco del triunfo tan sabia enseñanza de nuestra infancia y se dedican a dar ideas de todo lo que no se debe hacer con un producto alimenticio (o simplemente alimentario, porque de alimenticio no tiene demasiado).

Se trata de unas minibandejitas donde vienen unos palitos de pan (colines, picos, grisines o como queráis llamarlos según vuestro lugar de procedencia) y un poquito de crema de chocolate de la de toda la vida (la española, no la italiana). El funcionamiento del invento es simple. Coges un palito de pan, lo untas en crema de chocolate y p´adentro. No tiene más misterio ni hace falta ser ingeniero para resolver la ecuación.

Pero se ve que explicar esto les parecía demasiado simplón, así que se dijeron “¿Y si dejamos volar nuestra imaginación con los múltiples usos que podrían dársele a estos palitos untados en chocolate?”.  De esta manera, nos muestran a niños utilizando los sticks (así es como llaman a los palitos, porque decir “palitos” parece que quedaba como muy de pueblo) de las siguientes maneras: para tocar la batería, ponerse cuernitos, emular dientes de vampiro, usarlo de pintalabios (este es el que me da más asquito de todos: usar un palito mojado en chocolate para pasárselo por los morros es de lo más desagradable que he visto en meses), pelearse con otro usando los palitos a modo de espada láser y para ponérselos a modo de bigotes. Sobre el final del anuncio sale también un niño que utiliza el chocolate de la punta del palito a modo de pegamento para dejar adherido el palito a la punta de su nariz y así fingir que lo mantiene en equilibrio.

La mayoría de estos juegos podrían hacerse con el palito limpio pero no, se ve que la gracia es untarlo primero en chocolate porque si no terminas con toda la cara llena de pegotes de crema chocolatosa es que no has disfrutado lo suficiente ni has dejado volar la imaginación tanto como deberías.

¿Y qué decir de las madres? Mi madre o cualquiera de las madres de mis amigas hubiesen hecho lo imposible por evitar que sus hijas terminasen con la cara y la ropa llena de manchurrones pero en este anuncio, por el contrario, colaboran. Llama especialmente la atención la madre del niño de los cuernitos, ya que es ella misma la que le sujeta los palitos sobre la cabeza mientras se tiran por un tobogán. Vamos, que con el movimiento descendente lo más probable es que los palitos se muevan, con el consiguiente pegote de chocolate en el pelo.

No en vano se refieren a los palitos como “los sticks de la felicidad”. Que su niño se llene el pelo de una sustancia pringosa es, desde tiempos inmemoriales, lo que más le gusta a una madre. 

lunes, 13 de noviembre de 2017

Crónicas Felinas CCXXXIV: Mi versión

Marrameowww!!

Como os contaba la bruja en el post anterior, el 31 de octubre ella misma y el consorte acudieron a un encuentro de Halloween gatuno y solidario con Naar, esclava de Ron y Maya y Madre Desesperada, esclava de Fantasma.

Hoy vengo a contar mi visión de los hechos, que sé que lo estáis deseando. En principio, la iniciativa me parece correcta (estáis a tiempo de participar aún; lo explica la bruja en el post antedicho y paso de volver a explicarlo). Yo he sido “gato de asociación” y sé por lo que se pasa, aunque podrían haber investigado un poco más en qué manos de desequilibrados me estaban dejando, todo sea dicho.

Lo que no consiento es que, para irse por ahí de pingo a ayudar a otros gatos, nos solos en casa a la hora de la cena, que cuando volvieron estábamos desmayados de hambre, al borde de la inanición. Y, no contentos con eso, se les ocurrió entrar en casa con las máscaras puestas. No veáis qué susto. Ya de por sí son bastante feos pero estamos acostumbrados a verles esa cara. Lo que nos iba faltando era tener que ver cómo intentan infructuosamente parecerse a nosotros, con esa poca gracia que tienen. Nuestros ojos se salían de las órbitas al contemplar cómo en casa entraban dos gatos raros gigantes. A mí se me pasó antes el disgusto pero el imberbe estuvo un rato largo sin querer siquiera que lo tocaran. Él es muy sentido para esas cosas. Así que, entre el hecho de matarnos de hambre y la tortura psicológica a la que nos sometió posteriormente, que no os engañe la bruja haciéndoos creer que es una persona solidaria. Una psicópata en potencia es lo que es.

¿Y qué me decís de las fotos? Se creen que por poner garritas parecen más felinas. Nosotros en las fotos salimos siempre guapísimos, con un perfil de proporciones áureas y una elegancia innata que ya la quisierais los humanos para vosotros. No nos ponemos a sacar las garras en las fotos porque eso daña considerablemente nuestra imagen. La idea es parecer lo más monos posible en las fotos para que la gente piense que somos unos seres adorables y así poder enseñar las garras en el contacto cara a cara. Si saliésemos enfurruñados en las fotos, nadie nos adoptaría y entonces no podríamos llevar a cabo nuestro plan de dominación mundial.

Como venganza, me tiré toda la semana pasada portándome mal. Desperté a la bruja a las 4:30 de la mañana y, aunque se tiene que levantar a las 5:15, ya no pudo volver a dormir. Después me dediqué a corretear por la casa mientras ella intentaba arreglarse para ir a trabajar, con el aliciente de que no podía echarme la bronca todo lo que quería por haber vecinos durmiendo.

Y le mordí el rabo al imberbe un par de veces. No había hecho nada pero pasaba por ahí y de algún modo tenía que descargar mi frustración.

Prrrrrr.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Halloween gatuno y solidario

El martes de la semana pasada, aprovechando que el miércoles era festivo y al día siguiente no tenía que levantarme cuando aún no están puestas las calles, aproveché para aceptar la invitación que me hizo MadreDesesperada para asistir a un encuentro de Halloween para amantes de los gatos, organizado por el blog Bigotes de gato. Oh, sí, me invitaban a una frikada y yo no podía resistirme. Invité también a Naar porque es otra loca de los gatos y porque cualquier excusa me vale para ver un rato a Naar.

Habíamos quedado a las nueve en el local donde se iba a desarrollar el encuentro pero Naar calculó mal los tiempos y llegó como media hora antes, por lo que dijo que iba a aprovechar para entrar a una tienda de ropa (esta es de las mías, en cuanto tiene cinco minutos que ocupar en algo, los ocupa en mirar trapos). El caso es que el churri y yo llegamos a las nueve como un clavo y llamé a Naar, que no me lo cogía. Llamé, pues, a Madre Desesperada que ya estaba en el interior del local y salió a nuestro encuentro. Sospeché que Naar había sido abducida por el espíritu de la compra compulsiva pero me devolvió la llamada y me dijo que no sabía bien por qué calle tenía que tirar. Madre Desesperada lo buscó en el móvil y me dijo “Dile que coja por la calle X para arriba”. Traslado la información. Naar me dice “¿Cómo que para arriba, si esto es cuesta abajo?”. Le digo que ni idea, que a mí lo de subir o bajar calles siempre me ha parecido una información muy confusa. Soy más de decir a la izquierda o a la derecha pero yo era una simple mensajera en ese momento. Finalmente, nos encontramos. Beso, beso, cotilleos varios y para adentro.

Al principio había poquita gente pero luego la cosa se animó. La idea era la siguiente y os la traslado por si os queréis apuntar, que aún estáis a tiempo: Hay que hacerse una foto luciendo una máscara de gato o unos bigotitos de gato y subirla a Instagram con el hashtag #Retodebigotes. Royal Canin donará, por cada foto subida antes del 15 de noviembre, una ración de comida para gatos a una protectora. Yo no tengo Instagram pero para algo iba con dos Instagrammers de tomo y lomo, por lo que me presté como modelo para hacer un rato el gato:


Madre Desesperada y Mi Álter Ego
Madre Desesperada y una servidora. Felinas, felinas.

Naar y Mi Álter Ego
Con Naar. La pose de las garritas es la misma pero no somos modelos profesionales

Como veis, la máscara me sienta fatal porque me hace los ojos muy juntos y quedo como medio bizca pero todo sea por los peludos. Para que luego Forlán me lo pague poniéndome  a caer de un burro en el blog.

En definitiva, que nos lo pasamos muy bien, nos reímos mucho, hablamos de todo lo habido y por haber y gracias a los consejos de compras de Naar, he podido encontrar unos pantalones pitillo que me valen.

Ya no puedo pedir más a la vida. 

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Anuncios Pesadillescos CCXXVI: Dragones de Komodo y una Twitstar frustrada

Hoy traigo uno de una cadena de reparto de pizza a domicilio. En realidad también se puede comer ahí mismo o incluso recoger el pedido en el local que, dicho sea de paso, es una opción que nunca comprenderé. Si llamo a la pizzería o a cualquier otro local de comida rápida es porque no quiero ni cocinar ni salir a la calle. Lo que quiero es quedarme en mi casa con mi chándal de pelotillas y mis pantuflas y que me traigan la comida (y porque no hay servicios donde te den de comer en la boca, que si no también me apuntaba).  Eso de pedir por teléfono para acto seguido tener que vestirme, bajar a la calle, ir a la pizzería y volver a mi casa a volver a ponerme el chándal de pelotillas para posteriormente comerme una pizza ya medio fría, como que no lo veo.

Pero en fin, a lo iba, que es el anuncio (que me gusta a mí dispersarme como las marujas de mercado). La cadena pretende vendernos unas nuevas pizzas que han sacado. Para ello, como es lógico, lo primero de todo es presentarnos a unos dragones de Komodo hablando. Sí, parece que se ha puesto de moda eso de hacer hablar a los animales; no haré más comentarios al respecto. Uno de ellos estornuda, provocando que de sus fauces salga una llamarada. El otro comenta asombrado a su compañero que está echando fuego como un dragón de verdad. El otro le responde, también sin dar crédito “Tú estás hablando”. El que no está acatarrado opina que eso es una evolución tremenda y ambos se ríen como si no hubiera un mañana.

Y entonces, sólo entonces, vemos un montón de harina con aceite siendo vertido sobre ella y unas cuantas aceitunas troceadas. Posteriormente, una mano fuerte y varonil amasa la masa (lo que me gusta decir “amasa la masa”). Nos cuentan que han sacado una nueva masa con aceitunas.

Y preguntaréis que tiene que ver eso con los dragones de Komodo que escupen fuego y mantienen sesudas conversaciones. Pues que la evolución de verdad es la masa con aceitunas no que los dragones de Komodo hagan cosas raras, que todo hay que explicároslo, con lo claro que estaba.

Nos muestran las pizzas ya hechas y ahí termina el anuncio. Seguro que ahora comprenderéis a qué venía mi extensa reflexión del principio del post acerca de la posibilidad de recoger la pizza en el local. Es que si os cuento “un dragón de Komodo estornuda y habla con otro y después nos muestran una masa de pizza con aceitunas”, la entrada de hoy se iba a quedar un tanto escasa. A lo mejor para un tweet me hubiera venido bien pero ¿desde cuándo yo puedo expresar todo lo que siento en ciento cuarenta caracteres? Yo necesito dar visibilidad a todo mi sentir. Y ese es, básicamente, el motivo por el que no soy Twitstar.

Tampoco soy Blogstar pero este último hecho sí es inexplicable.