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jueves, 23 de febrero de 2017

Dime cómo se inspecciona esto, que ya lo hago yo (Segunda parte)

Sé que os dejé con mucha intriga la semana pasada por lo que, sin más dilación, arrancamos con la segunda entrega (si os la perdisteis, leedla antes pinchando aquí para enteraros de algo). Me voy a pasar un poco de extensión pero tres capítulos ya van a ser muchos.

Respuesta del técnico: “Yo no tengo por qué andar llamando a nadie. Yo toco timbre y, si no me abren, me voy”. Intento no entrar al trapo y le digo que vale, que venga para casa, que ahí estoy. Me responde que no, que se ha ido a atender un aviso urgente y que ese día ya no tiene tiempo de volver hasta mi casa. Creo que la lengua me sangraba ya de tanto mordérmela. Para tranquilizarme, me dice que la semana que viene andará también por mi zona y que me llama un día por la tarde para pasarse. No sé la de veces que le pregunté “¿pero cuento con que me vas a llamar?”. Por supuesto que me iba a llamar, faltaría más. Podía dormir tranquila con la certeza de que se comunicaría conmigo.

El 16 de diciembre llamo a la distribuidora para poner  una reclamación (¿a que ya habíais adivinado que no me iba a llamar? Qué listos son mis lectores). Tienen un problema informático. Me piden que llame más tarde o al día siguiente. El 17 de diciembre siguen tocándose las narices con problema informático y me instan a llamar al día siguiente. Les doy otro día más de plazo porque soy así de generosa y porque tengo vida más allá de estar llamando a la distribuidora. Consigo poner una reclamación.

El 20 de diciembre me llaman desde la distribuidora para decirme que vuelven a pedir cita a la contrata y que me llamarán para concretar.

No me llaman pero el martes 10 de enero, al llegar de trabajar, me encuentro un papelito en el buzón donde ponía que habían estado a las diez de la mañana y que no había nadie (qué sorpresa que no haya nadie en un sitio donde te han dicho por activa y por pasiva que hasta la tarde no hay nadie). En el papel venía el teléfono del técnico y me conminaba a llamar hasta el día siguiente como  último día. Sí, por increíble que parezca, me estaban dando un ultimátum. Como soy muy bien mandada, lo llamé. Me dijo que en esa semana me llamaba para pasarse un día por la tarde. Habéis adivinado: pasó el miércoles, el jueves y el viernes y no supe nada más del técnico.

El 16 de enero llamo nuevamente a la distribuidora y me dicen que reiteran la reclamación. El 17 me llama un tercer técnico y me dice que se va a pasar esa tarde. Con pocas esperanzas de que eso vaya a suceder, le contesto que estupendo, que ahí estaré.

Y, contra todo pronóstico, vino. Y me hizo la inspección. Yo no cabía en mí de gozo. Llamé al churri para darle la buena noticia y creo que los dos dábamos saltos de alegría, cada uno a un lado de la línea.

El 20 de enero me volvió a llamar el mismo técnico para decirme que tenía que pasarse a hacer la inspección. Volvía a tener mal apuntado el número de planta. Le dije que mi número de planta era otro y que ya la había hecho y me dice “Ya, ya, era por confirmar que estuviese hecha”.

Me dio hasta penica.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Anuncios Pesadillescos CCI: De amor sin prejuicios

Un hombre entra en casa con un perro lanudo en brazos. De estos que parecen rastafaris. Nos dice que pasear los llena de energía y de suciedad, mientras deposita al perro en el suelo. Ya en los tres primeros segundos de anuncio me surgen varias incógnitas:

1) ¿Por qué trae al perro en brazos? ¿No se supone que vienen de pasear? ¿O es que el paseo es sólo para el dueño y el perro viaja cómodamente en brazos? ¿O es que el dueño no quiere que el perro pise el césped del jardín pero no le importa que pise el suelo de su casa con las patorras llenas de porquería?

2) ¿Por qué, al abrir el plano, se observa que el suelo ya tiene manchas antes de que el perro empiece a andar por él? Es muy extraño todo.

En fin, el caso es que suelta al perro rastafari y éste va dejando huellas. Pero muchas huellas. Mogollón de huellas que apuntan todas en un mismo sentido; como si el perro fuese obra de un científico loco y tuviese dieciocho patas.

Pero el hombre no sufre porque tiene una fregona futurista y también rastafari, llena de trencitas que se mojan y dan vueltas en un escurridor que hace las veces de centrifugadora, echando el agua asquerosa al cubo. Esa agua en la que seguramente volveremos a sumergir la fregona para limpiar una segunda estancia, sí. O que me diga alguien que cambia el agua entre habitación y habitación, que se ganará toda mi admiración y mis respetos.

El asunto es que, como la fregona es rastafari, el perro empieza a hacerle ojitos mientras suena una canción soul que hace que hasta a nosotros se nos ericen los pelos de la nuca (con o sin rastas). Miedo me da pensar qué puede llegar a pasar con esa pobre fregona cuando se quede sin vigilancia. Eso si me creo el anuncio, cosa que es complicada. No soy ninguna experta en perros porque nunca he tenido ninguno pero mis gatos son más bien de perseguir sin piedad a la fregona (en casa friega el churri porque yo siempre estoy quejándome de la espalda; y sí, me quejo porque me duele, que os estoy viendo venir) e intentar destrozarla a zarpazos y mordiscos. No sé si esto será común a todos los animales o que los míos son destructivos de por sí o que no hemos dado con el peinado “fregonil” que enamore perdidamente a mis gatos.

El anuncio termina diciéndonos que tenemos que enamorarnos de la turbo-limpieza. Claro, no tengo yo mejor cosa que hacer que enamorarme de una fregona. Ya bastante poco romántica soy como para encima andar suspirando por objetos inanimados. Por muchas rastas que lleven y pese a ese look exótico que hace que me teletransporte a una playa de Jamaica donde podría vivir un tórrido romance con las palmeras como únicos testigos de mi pasión…

Estoooo, que no, que no me enamoro de una fregona y punto en boca.

lunes, 20 de febrero de 2017

Crónicas Felinas CCIV: Llamada a la colaboración ciudadana

Marrameowww!!!

Ayer fue el cumpleaños del consorte. Para celebrarlo, decidió viajar a su tierra natal hasta mañana martes. No lo culpo, cualquier excusa es buena para librarse un par de días de la bruja.

Pero, así como no lo culpo, también os digo que ya podría haber aprovechado para llevarnos con él. Viajar a Albacete, si bien estresante, es satisfactorio. Tenemos nuevos muebles que arañar y nos dan jamón, lo cual siempre es un aliciente.

Pero no, nos ha dejado aquí, a merced de la bruja. Dos días de suplicio teniendo que soportarla sin que haya nadie que nos defienda. La bruja es implacable y, sin que esté aquí el consorte para ejercer de abogado del diablo, veo que vamos a llegar muy reprimidos a mañana. Tal es nuestro miedo a que esta bruja perversa nos lance un conjuro y nos convierta en alguna alimaña, que no nos hemos atrevido a portarnos mal; al menos de momento. Aún tenemos un día para pensar un golpe de efecto que desbarate todos sus planes.

Pero tiene que ser una trastada épica; nada de medias tintas. Si la trastada es demasiado light no compensará el castigo. Tiene que ser algo que haga que merezca la pena haber transgredido las normas aunque haya que afrontar consecuencias.

El problema es que estamos como cohibidos y no se nos ocurre nada, por lo que recurro  a vosotros a fin de que me iluminéis. Acepto todo tipo de sugerencias y, si conseguimos sacarla de sus casillas de aquí a mañana, prometo relatarlo la semana que viene para vuestro solaz. No os cortéis, aunque penséis que pueda tratarse de una jugarreta desproporcionada. El imberbe y quien suscribe no tememos a los retos. Dicen que siempre es bueno aceptar nuevos desafíos si se quiere prosperar en la vida.

Nada me humillaría más si la respuesta de la bruja a la pregunta “¿Qué tal se han portado?” fuera “Uy, divinamente, no me han dado ningún problema; son unos cielos”. Si hay algo que no quiero ser en esta vida es “un cielo”. Uffff. Me da la escarlatina sólo de pensarlo.

Y tal vez os preguntéis “¿Tan desesperado está que recurre a la ayuda humana?” Y la respuesta es sí. No me avergüenza decirlo; o sí me avergüenza pero hay ocasiones en las que hay que tragarse el orgullo si se quieren obtener resultados. A problemas desesperados, medidas desesperadas.

Sé que soy vuestro gato preferido en la blogosfera y el mundo entero, por lo que estoy seguro de que no me dejaréis en la estacada y alguno de vosotros tendrá una idea genial (o, si no es genial, al menos será pasable; soy consciente de que sois humanos y tampoco quiero exigir nada por encima de vuestras mermadas posibilidades). Así que hacedlo por mí: estrujaos las neuronas y dadme material jugoso con el que conducir a la bruja un pasito o dos más cerca de la locura. Si son tres pasitos os prometo que os hago la ola.

¿Preparados para el brainstorming?

Prrrrrr.

jueves, 16 de febrero de 2017

Dime cómo se inspecciona esto, que ya lo hago yo (Primera parte)

A menudo me pregunto por qué parece que en todas las empresas y comercios se me toma por el pito del sereno. Por ejemplo, si entro a un bar e intento pedir al camarero que le dé al botoncito para la máquina de tabaco, el camarero en cuestión atenderá incluso a gente que ha entrado después que yo antes que a mí.  Sirva esto como ejemplo fútil de situaciones en las que me veo inmersa a diario.

Ahora paso a lo que realmente vengo a contaros. Allá por junio recibí una carta de mi distribuidora de gas donde decían que en septiembre pasarían a hacer la inspección quinquenal. Como tuve todo el follón en el trabajo que ya os conté (y, si no lo leísteis, podéis hacerlo pinchando aquí), en el momento no le di mayor importancia pero como posteriormente terminé pidiendo vacaciones para septiembre, el 21 de agosto llamé  para decirles que yo en septiembre no iba a estar y me dijeron que no había problema, que ya me llamarían más adelante. Pocos días más tarde recibo otra carta diciendo que van a hacer la inspección el día 23 de septiembre, por lo que el 8 de septiembre vuelvo a llamar reiterando que no voy a estar. Me dicen que esas son cartas que ya están programadas y que no me preocupe, que me llamarán más adelante y que sin en seis meses (ahí es nada) no me han llamado, que se lo haga saber.

El 1 de diciembre me  llaman para preguntarme si el día 9 me viene bien. Digo que sí pero que tiene que ser por la tarde. Me dicen que de cuatro a seis de la tarde porque a partir de la seis ya no trabajan. Yo me quedo pensando que ese es un horario ideal para hacer la inspección a gente que trabaje con horario de comercio pero, como no es mi caso, les digo que vale, que en ese horario estaré en casa.

Llega el ansiado 9 de diciembre y, a las 16:18, me llama el técnico diciendo que en diez minutos se presenta en mi domicilio. Le digo que muy bien, que ahí le espero. A las 17:29, como no ha aparecido ya me preocupo pensando si habrá sido abducido o algo, por lo que llamo yo. Le digo que llevo una hora esperando y que si ha tenido algún problema, a lo que responde “Pues claro, como que he estado tocando timbre y no me ha abierto nadie”. Le digo que eso es imposible, que no me he movido de casa y que sorda, de momento, no estoy. Me confirma entonces el domicilio y me dice que le habían apuntado mal la planta. Vaya, pobre hombre… Le indico que eso me parece comprensible pero, que si tenía mi teléfono, por qué no me llamó para preguntarme por qué leches no le abría la puerta, a lo que me contesta…

Lo sabréis en el segundo capítulo, donde continuaremos con esta fascinante historia.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Anuncios Pesadillescos CC: No culpes al ambientador de lo que te pasa por agarrada

Hace poco más de un añito os hablé de este ambientador aquí y diréis, “Qué mala eres, cómo te cebas con ellos; déjalos ya tranquilitos”. Y prometo que lo intento. Hay veces que veo el nuevo anuncio de un producto que ya ha sido destripado y me da hasta penita volver a traerlo a esta sección pero es que lo veo una segunda vez y una tercera y es que no puedoooo.

Así que, aun a riesgo de parecer una desalmada, vamos a darles un poco más de caña. En esta ocasión, hemos pasado de “mini-estudio coquetuelo” a “piso de diseño colorista”. La protagonista rocía ambientador sin piedad en un piso de paredes y muebles blancos con múltiples elementos decorativos de colores vivos. Confieso que, en cierta forma, sería la casa de mis sueños. Una es muy amiga del color y no me da miedo que mi casa termine pareciendo una barraca de circo. Pero, eso sí, intentaría que los complementos cumpliesen con unos mínimos estándares de calidad porque resulta que, cuando la muchacha rocía el ambientador, los jarrones, botellas, relojes y hasta ventiladores vintage que decoran su hogar comienzan a desteñir llenando, a su paso, las paredes y muebles de chorretones de pintura de colorines.

La voz en off nos dice que, ya que pones tanto amor en tu casa ¿por qué la vas a andar manchando con un ambientador tradicional? El plano se abre para mostrarnos la cara de estupor de la protagonista mientras contempla cómo su hasta entonces piso supercuqui se ha convertido en una masa informe de colores sin orden ni concierto. Hasta los cuadros han desteñido.

Por suerte, ellos tienen la solución con un ambientador sin agua para que las cosas no se mojen. Desconocía yo que el agua tuviese esas propiedades disolventes tan poderosas. ¿Quiere esto decir que si me da por lavar un jarrón en el fregadero de la cocina va a perder todo su color? Es que yo creo que ni las cosas compradas en un “Todo a Cien” tienen una pintura tan endeble.

La chica del anuncio, sin embargo, opta por cambiar de ambientador y , oh, sorpresa, con éste los múltiples cacharritos que decoran su piso no pierden ni un ápice de sus pigmentos. Supongo que habrá tenido que comprarlo todo de nuevo o armarse de paciencia y pintarlo todo a mano, si es aficionada al DIY. Desde luego, éste no sería mi caso. Soy torpe y vaga a partes iguales, así que dudo que me diera por ponerme a pintar objetos. Realmente dudo hasta que me diera por ir a comprarlo todo otra vez. De alguna forma intentaría autoconvencerme de que los chorretones, dentro de todo, no quedan tan mal.

Lo mismo no es que este ambientador funcione mejor sino que ha comprado elementos decorativos de mejor calidad, en vista del exitazo que tuvo con los anteriores. Si esto fuera así, la publicidad no nos demostraría absolutamente nada pero, claro está, nunca lo sabremos.

Cómo juegan con nuestras ilusiones.